Es en la residencia donde el tiempo se frena,
la dignidad se pierde tras el gélido umbral.
La muerte es un rumor que sostiene la cadena
ansiando algún afecto que no sea ritual.
Habita en los rincones un silencio de nieve,
las manos aradas son agujas de ansiedad.
Una brizna de existencia que apenas conmueve
dibuja en el ambiente la mayor soledad.
Las candelas requemadas humean la ausencia.
La mente se marchita lejos de su brocal;
las figuras amargas de la indiferencia
vagan por los pasillos de un paisaje otoñal.
–Quiero gritar y no puedo, ahogar el futuro;
el cuerpo reza esclavo de un tiempo sin final.
Agua vieja del lago atrapada en un conjuro,
con la tarde en silencio borrando el manantial.
Se acaba ya la vida, se apaga todo espanto.
Queda un legado antiguo perdido en el desierto
sin una mano amiga que calme aquel quebranto,
ni rosario que acompañe aquel recuerdo muerto.
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Autor:
Salva Carrión (
Offline) - Publicado: 21 de junio de 2026 a las 10:05
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Salva Carrión, Poesía Herética, rosi12, Osler Detourniel, Salvador Santoyo Sánchez, Paris Joel

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