Miraré a Leticia y pensaré en ti,
y contaré los abrazos que te daré.
Miraré esas casas diminutas desde el Potao,
aferradas a la ladera,
como palabras que se niegan a caer del silencio.
En un frío otoño limeño,
mientras la garúa dibuja un velo sobre la ciudad,
recordaré la costa brava de Cubillero,
donde el mar golpea las rocas
con la paciencia de los afectos verdaderos.
Y al levantar la vista,
en la cima coronada del San Cristóbal,
la cruz inmortalizará el horizonte,
clavada sobre el cielo gris
como una promesa que aprendió a sobrevivir al tiempo.
Entonces volveré a contar.
No las casas,
sino los días.
No los ladrillos,
sino la ausencia
de estas manos
incapaces de tocar.
Y cuando Leticia ya no baste
para medir lo que guardo,
comprenderé
que ningún paisaje
es lo bastante inmenso
para contener
todos los abrazos
que aún te debo.
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Autor:
Cronista sin puerto (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 20 de junio de 2026 a las 23:44
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

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