¡До свидания!

HARWIN STRONG



Poco a poco,

irás perdiéndote en las calles

sin apenas darte cuenta que mis ojos

ralentizan su mirada hacia otra parte…

Dejaré que vueles libre

con tu paso apresurado,

porque pienso que, si insisto,

volveré a caer de bruces

en tus brazos…

Pues el cambio de las cosas en los hombres

es un hecho inexorable sin remedio:

y mi estado de atención, antes constante,

va quedando en la penumbra, inconsistente…

Mientras, agua de llovizna en los cristales,

tú te irás marchando…

Mientras tanto, entre las calles,

tu figura confundida con las gentes:

no veré con claridad tus verdes ojos,

ya mezclados con los ojos de otras gentes,

las de tantos vulgares fingidores,

pululando por un mundo sin destino,

cual cigarras cantadoras entre flores...

Solo espero que, llegado el sol naciente,

no recuerdes para nada mis palabras,

ni mis frases ocurrentes de los martes,

ni recuerdes tantas charlas sin sustancia,

entre tardes y entre noches en penumbra…

mientras crece el fuego rudo del olvido.

Solo espero que me olvides, y me tengas

como muro que devuelva a tus preguntas

las respuestas oportunas pero exánimes…

Y aunque un día pude ser un libro abierto,

cerraré a tu voz liviana mis cubiertas…

Será mejor así, después de todo,

no tendrás que explicar nada, el mundo es simple:

yo tampoco podré darte explicaciones…

Bastará con un saludo simplemente

al mediodía, o decirnos a la tarde:

¡hasta mañana...!

Y, al correr de tantos días en el tiempo,

ni siquiera aquel recuerdo de tus manos

quedará para un suspiro de nostalgia…

Hasta mañana…



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