No te vayas.
La cena aún espera tibia sobre la mesa. Todavía nos quedan capítulos pendientes de aquella serie que inventó nuestras noches,
y aún escucho, a solas, las canciones
que una vez te llevé entre las manos
como quien ofrece el corazón
sin saber que también ofrece la herida.
No te vayas.
Me duelen las manos,
las piernas, el alma.
Me duele la vida.
Se agota el agua en los vasos,
los cerezos del jardín se marchitan en silencio
y el sol, detrás de las ventanas,
parece haber olvidado el camino de regreso.
No te vayas, amor,
si todavía no ha muerto la tarde.
En esta casa sigue lloviendo por dentro. Llueve en los rincones,
en las fotografías, en la almohada vacía.
Y hay un silencio,
un vacío, un tormento,
que castiga al hombre como a un viejo Atlas fatigado,
con el mundo sobre los hombros
y una tristeza antigua clavada en la cerviz.
No te vayas.
Y si te vas, si ya es imposible
detener tu distancia,
llévame contigo.
Llévame en algún rincón de tu memoria,
en la sombra de un abrazo,
en el eco de un beso.
Llévame donde sobreviven las cosas que se aman
cuando ya no pueden quedarse.
Porque yo seguiré aquí,
sentado frente a la mesa,
escuchando nuestras canciones,
esperando que la lluvia termine,
aunque sepa que hay despedidas
que duran toda la vida.
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Autor:
Geobanys Valle Rojas (
Offline) - Publicado: 20 de junio de 2026 a las 04:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
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