Casida del hastío

Claudio M. López

Cuando dijiste «te quiero»

se apagaron las luces

de tu mañana y mi tarde.

 

—¿Me dejarás quererte?

preguntaste, fumando

en los umbrales.

 

—¡Te dejaré matarme!

y con el filo del hastío

te marqué sobre mi carne.

 

Herida de amores ciegos,

sangrando te vi alejarte.

 

—¿De quién es la sangre?

murmuraron.

 

—Es de mi carne.

       ¡De mi carne!

 

 

Claudio M. López ©

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Comentarios2

  • Daniel Omar Cignacco

    —¿De quién es la sangre?

    preguntaron.



    —Es de mi carne —respondí—.

    ¡De mi carne!

    Excelente

  • racsonando

    ¡Qué buen poema caballero!
    Saludos y bendiciones.



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