La Verdad Que Habita En Ti

Luis Barreda Morán

La Verdad que Habita en Ti   (Prosa)

No te pido que te conviertas en otra persona para permanecer a mi lado. El mundo ya está lleno de máscaras, de disfraces cuidadosamente confeccionados para obtener aprobación, de sonrisas aprendidas y palabras calculadas. No deseo encontrarte detrás de ninguna de ellas. Prefiero la verdad sencilla de quien eres, incluso cuando llega acompañada de imperfecciones, dudas o silencios. Porque aquello que me acercó a ti no fue una imagen idealizada, sino la presencia irrepetible de tu existencia.

He conocido personas que vivían agotadas por el esfuerzo de parecer mejores de lo que eran. Cambiaban sus gustos para agradar, ocultaban sus heridas para no incomodar, modificaban sus sueños para encajar en los sueños ajenos. Poco a poco se convertían en extraños para sí mismos. Y al final, cuando la admiración desaparecía, descubrían que habían sacrificado su esencia por una aceptación que nunca fue verdadera.

Por eso, cuando te miro, no busco una versión corregida de tu alma. No necesito que elimines cada defecto ni que transformes cada rincón de tu carácter. Tus contradicciones también cuentan tu historia. Tus cicatrices hablan de los caminos que has recorrido. Tus inseguridades revelan las batallas que has librado en silencio. Todo ello forma parte del paisaje que te convierte en alguien único.

Hay días luminosos, días en los que la vida parece una ventana abierta hacia el horizonte y las palabras fluyen con facilidad. Pero también existen las jornadas grises, cuando el cansancio pesa más que los sueños y la esperanza parece caminar con pasos lentos. Si comparto contigo los momentos felices, también quiero permanecer cuando las sombras se alargan. El afecto que sólo existe en la abundancia no conoce la profundidad de la verdadera compañía.

No me interesan las conversaciones destinadas a impresionar. Hay una belleza más grande en las palabras sencillas que nacen sin esfuerzo. Me gusta la sinceridad de una confesión pequeña, la tranquilidad de un silencio compartido, la confianza que permite permanecer juntos sin necesidad de llenar cada instante con explicaciones. A veces el amor no se encuentra en los grandes discursos, sino en la certeza de que alguien puede sentarse a tu lado y hacer que el mundo resulte menos pesado.

Quiero conocerte más allá de las apariencias cambiantes que el tiempo impone. Los años modificarán los rostros, alterarán las costumbres y dibujarán nuevas líneas sobre la piel. Llegarán experiencias que transformarán nuestras perspectivas y estaciones que pondrán a prueba nuestras convicciones. Sin embargo, existe algo más profundo que todo eso: una luz interior que permanece cuando lo superficial se desvanece. Esa es la parte de ti que admiro, la que no depende de la juventud, de la belleza ni de la aprobación de los demás.

A veces me pregunto cuántas veces una persona necesita escuchar que es valiosa para comenzar a creerlo. Cuántas muestras de lealtad son necesarias para disipar las dudas que habitan en el corazón. Cuántos gestos hacen falta para convencer a alguien de que no está siendo tolerado, sino genuinamente apreciado. Porque hay almas que han vivido tanto tiempo esperando el abandono que les cuesta reconocer la permanencia cuando finalmente aparece.

Si alguna vez dudas de lo que significas para mí, observa la manera en que permanezco. No en los días fáciles, sino en aquellos donde la paciencia es necesaria. No cuando todo sonríe, sino cuando la vida se vuelve incierta. Permanecer es una forma silenciosa de decir: te veo, te acepto y no necesito que te conviertas en otra persona para justificar mi cercanía.

No espero perfección porque tampoco la poseo. Soy un ser humano hecho de aciertos y errores, de fortalezas que conviven con fragilidades. Tal vez por eso entiendo que el amor verdadero no consiste en exigir una transformación constante, sino en ofrecer un espacio donde alguien pueda descansar de la obligación de aparentar.

Y así, mientras el mundo continúa sugiriendo nuevas formas de ser, nuevos modelos que seguir y nuevas máscaras que adoptar, yo prefiero la autenticidad. Prefiero la voz que reconoce sus temblores, la mirada que no oculta sus tristezas y el corazón que se presenta tal como es. Porque en un universo donde tantos intentan convertirse en otra cosa, existe un valor inmenso en quien se atreve a ser simplemente él mismo.

Y si alguna promesa pudiera dejar escrita en el aire, sería esta: no admiraré una versión fabricada de tu persona, sino la verdad que habita en ti. No celebraré las apariencias pasajeras, sino la esencia que permanece. Y mientras tenga la fortuna de compartir tu camino, seguiré encontrando belleza en aquello que nunca necesitó ser cambiado para ser digno de amor.

—Luis Barreda/LAB

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Comentarios1

  • Daniel Omar Cignacco

    seguiré encontrando belleza en aquello que nunca necesitó ser cambiado para ser digno de amor.
    Muy bueno



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