La bestia

Yoel Ferrat Martínez

 

​Allí estaba. Era una sombra parada frente a su soledad. Las aguas se tornaron violentas, agitando recuerdos. El ramo de flores se había hecho un árbol seco sobre el cual recostaba sus manos. Su pisada era liviana y la mirada no tenía horizonte, solo pájaros despidiéndose en la noche, peregrinos sin norte donde desembarcar. Allí estaba. Era el eco de una voz que ya no es suya. Una sombra con un hombre a cuestas. La anatomía diluyéndose, descomponiéndose en un bucle geométrico y sin color.

​Entonces rompió el silencio su corazón, apagándose, tenue, vibrando en la frecuencia del inconsciente. Allí estaba. La casa. El niño. El golpe. Otras sombras. Una tempestad apuntando la sien con su plomo. Estaba solo. Más cercano de la locura que de la muerte. Aulló. La luna no celebró su grito. Él le dió la espalda y lloró. Era su último acto de cordura.

 



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