Quiero sentarme frente a tus silencios, allí donde la noche dice la verdad, donde no existe el gesto preparado ni la sonrisa que aprende a ocultar, quiero saber qué nombre tiene el miedo que vuelve cuando el mundo ya se fue, qué pensamiento encuentra siempre la forma de regresar, qué pérdida sigue caminando a tu lado aunque hayan pasado los años, quiero saber qué es lo que todavía te duele cuando nadie te mira.
Porque una persona no se parece tanto a lo que cuenta como a lo que calla, nos acostumbramos a responder lo sencillo: qué hacemos, qué soñamos, qué queremos ser, pero casi nadie pregunta por aquello que nos despertó anoche, casi nadie pregunta por el miedo que se quedó después de que todo terminó, casi nadie pregunta qué parte de nosotros sigue viviendo en un momento que ya no existe.
Por eso quiero escucharte ahí, no en tus logros ni en la versión ordenada de tu historia, quiero escucharte donde todavía dudas, quiero saber cuándo aprendiste que había cosas que debías cargar solo, cuándo empezaste a responder que estabas bien para evitar explicaciones, cuándo te acostumbraste tanto a sostenerte por tu cuenta que pedir compañía empezó a sentirse como algo ajeno.
Porque hay un cansancio que no viene del esfuerzo, viene de vigilarse, de medir las palabras, de esconder ciertas preguntas para no preocupar a nadie, y lo más extraño es que uno aprende a vivir así, aprende tan bien que deja de notarlo, sigue trabajando, sonríe, contesta mensajes, hace planes para la próxima semana, mientras por dentro sigue arrastrando cosas que nunca encontraron un lugar donde descansar.
Quiero conocer ese lugar, no para abrirlo a la fuerza ni para llenarlo de respuestas, solo para sentarme contigo el tiempo que haga falta, porque hay personas que no necesitan que las salven, necesitan algo mucho más raro: alguien dispuesto a quedarse frente a aquello que llevan años evitando mirar.
Y mientras escribo, algo empieza a resultarme familiar, la facilidad con la que encuentro las preguntas, la precisión con la que sé dónde buscar, la manera en que cada palabra parece reconocer un dolor que ya conoce, entonces entiendo que he estado caminando en círculos alrededor de la misma ausencia, que quizá nunca estuve intentando llegar a ti.
Estaba intentando llegar a mí.
A la parte que aprendió a seguir antes de aprender a sentirse acompañada, a la que se volvió experta en escuchar a otros porque era la única forma de no escucharse demasiado, a la que todavía imagina cómo sería bajar la guardia por completo y descubrir que no hace falta explicarse tanto para ser entendido.
Y ahí todo cambia, porque esto deja de ser una búsqueda, deja de ser una reflexión sobre alguien más, se convierte en la necesidad de sentarme frente a mis propios silencios y permanecer, de dejar de rodear las mismas preguntas, de mirar aquello que llevo años apartando la vista para no reconocerlo.
Y entonces la pregunta ya no es para ti.
Es para mí.
¿Qué es eso que llevo cargando desde hace tanto tiempo que terminé confundiéndolo con quien soy?
-
Autor:
Bruno Gatica 1 (
Offline) - Publicado: 18 de junio de 2026 a las 01:59
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Sheilo Sanz, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco

Offline)
Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.