El destino, árbitro cruel de la vida,
dictó mi pena en su rigor sombrío;
condenándome a tu ausencia. En su frío
dejé mi voz, mi fe ya consumida.
Tu sombra vuelve, tenue y dolorida,
cual susurro perdido en el vacío;
y aunque persigo el eco de lo mío,
solo hallo niebla, luz ya desvaída.
Quedan cenizas, restos de un abrazo
que se apagó sin tiempo ni clemencia,
y un corazón que cuenta su fracaso.
Mas sigo en pie, venciendo la inclemencia:
tu nombre, dulce peso, áspero lazo,
en esta soledad que me sentencia.
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Autor:
Juan Roldan (
Offline) - Publicado: 17 de junio de 2026 a las 01:39
- Comentario del autor sobre el poema: Nueva versión de un poema ya publicado, ajustándolo a la norma canónica del soneto, versos endecasílabos y rima ABBA ABBA CDC DCD.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Salvador Santoyo Sánchez

Offline)
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