ENTRE EL DESEO Y EL MIEDO

El desalmado

El casco firme en la vereda fría,

el burro estira el cuello hacia el mañana;

el amo desde el carro desconfía

y cuelga una promesa muy cercana.

 

Oro naranja flota ante su hocico,

zanahoria que roza con el viento;

el pobre asno cree que se hace rico,

pero es esclavo de su propio intento.

 

No hay paso que acorte la distancia,

la meta se desplaza con su andanza;

lo mueve el deseo, esa sustancia

que vive de estafar a la esperanza.

 

A pocos metros, calle abajo, pasa

un perro envuelto en un clamor de espanto;

el ruido del metal lo despedaza,

atado a su cola como un llanto.

 

Son latas viejas que en el suelo vibran,

monstruos de hojalata que él mismo arrastra;

sus patas corren, pero no se libran

del eco atroz que su energía gasta.

 

No busca un premio, busca una salida,

lo mueve el miedo con su azote ciego,

huyendo de sí mismo en la partida,

quemando su existencia en ese fuego.

 

Dos hilos mueven la comedia humana:

el ansia de tener lo que no existe

y el pánico a la sombra que nos gana,

dejando el corazón desnudo y triste.

 

Mas la receta es simple y es sagrada

para romper el truco y la condena:

no hay que correr detrás de la carnada,

ni huir del ruido que la espalda llena.

 

Basta plantar los pies sobre la tierra,

frenar el paso, respirar el viento;

dejar de correr termina la guerra,

y en la quietud expira el sufrimiento.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.