Mi última mirada

Noelia Beteta

Decirte que ya no estás en mi mente
sería intentar engañar a una parte de mí que todavía te reconoce.

Porque hay personas que no desaparecen cuando se van,
solo aprenden a vivir en otros lugares:
en una canción que aparece de repente,
en una tarde tranquila,
en un recuerdo que llega sin pedir permiso.

Te fuiste sin hacer ruido,
como se van las cosas más hermosas,
sin romper nada,
pero dejando la sensación de que algo en el mundo cambió.

Todavía recuerdo ese último momento.
Tus ojos brillando de una forma que parecía guardar un pequeño universo,
tus labios con ese color que siempre llamaba mi atención,
tu rostro tranquilo,
como si el tiempo hubiera decidido cuidarte un poco más ese día.

Te miré tantas veces porque, aunque no quería aceptarlo,
algo dentro de mí sabía que estaba guardando una última imagen de ti.
Y qué extraño es el corazón,
que incluso cuando sabe que algo termina,
aún busca quedarse unos segundos más.

Nunca voy a culparte por irte.
Cada persona tiene sus propios caminos,
sus propias batallas que nadie más puede ver.
Quizás solo necesitabas decir aquellas palabras
para encontrar un poco de calma,
para que el mundo dejara de preguntar
y pudieras escuchar tu propio silencio.

Tal vez aquella última comida no parecía importante,
tal vez para cualquiera habría sido un momento más,
pero para mí fue una pequeña eternidad.
Un lugar donde todavía podía escuchar tu risa,
esa risa tan tuya, tan imperfecta y tan bonita,
esa forma de hacer que un instante común pareciera especial.

Extraño esa luz que llevabas contigo.
No porque iluminara mi vida completa,
sino porque cuando aparecía,
todo parecía un poco más sencillo.

Y quizás eso es lo más difícil de aceptar:
que algunas personas no llegan para quedarse,
pero dejan una parte de ellas en nosotros
que aprende a caminar junto al recuerdo.

Este poema no es una despedida de ti,
porque hay cosas que uno no quiere borrar.

Es una despedida de la esperanza de volver a encontrarte de la misma manera.

Gracias por existir en mi historia,
por esos momentos que, aunque fueron breves,
se sintieron como un lugar al que siempre quise volver.



Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.