թօҽตα 38
Te nombro en la marea que retira mis pasos,
y en la colilla de un cigarro abatido, te nombro,
te nombro en el cuaderno donde mueren mis versos,
y viven tus recuerdos, cansados de caminar, y caminar,
hacia el mar.
Tus pechos son dos anclas que se hunden en el frío,
anclas que se hunden bajo el pecho del invierno mío,
mío es el invierno que repite tu nombre en cada gota,
gota que se vuelve sal, y la sal, tu recuerdo.
¿Qué heraldo negro toca esta puerta de hueso?
Hueso que fue mi mano cuando aún te tocaba.
Toco, golpeo, llamo - y nadie me responde.
Aquí te amo, y el silencio también te ama.
Hay días en que mi alma se golpea contra el muro,
en el muro, hay días en que todo se desploma hacia adentro,
hay un vacío inmenso que no cabe en mi sombra,
y mi sombra te busca, y mi sombra te pierde.
Te amo y te quiero con la rabia de quien ya no tiene nada,
te quiero y te amo con el hambre de quien nunca fue saciado,
te quiero con la sal que el invierno me ha dejado,
y te amo... en la luz del sol que me negaste.
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Autor:
ղҽցαԵíѵҽ ตαղ 🍃 (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 14 de junio de 2026 a las 23:31
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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