¿Sabes por qué amé lo nuestro anoche?
Porque fue la primera vez que las sábanas no fueron
impedimento ni el alma de una armadura;
ellas saben de persistencia cuando la duda quiere emigrar
y nos entrega a cambio el miedo de dejarlas
desnudas en su forma natal:
mujer cruzada entre vías y cantos de aves.
Este cariño que ha recorrido nuestra piel
se desahoga en pequeñas pausas,
haciendo sombra en la costa junto al vaivén de nuestros cuerpos,
donde siempre nace el olvido
y el sitio más placentero para tejer el primero de nuestros contactos.
Porque haré de cuenta que no crecí rodeado de ningún prejuicio,
para que mi presencia no sea más
el sabor de una barrera;
quizás dándote un poco más de libertad
recuperes lo que perdiste al lado de otros.
(Esta noche sueño acantilado bajo la estrella de tu rostro.)
Justo cuando creía que no podía ser más perfecta,
me demuestras que el dueño de la velada
son tus pasos de baile cansados
y nuestros rosales de vino blanco.
Hay un color oscuro en la lluvia que
cayó de imprevisto de tus ojos, que siento
como fruto somnífero y una forma de expresar
tu gratitud, por el medio en que siento lo que callas y lo abrazó como carta de alambre
donde describo lo que te hace brillar por si desapareces en el siguiente vuelo.
Tú me has dejado boquiabierto
cuando pruebas que nadie podrá ser superior a tus rizos engalanados,
confines de las arrugas de tu cabello
aún cohibidas detrás del espacio
que le das a una flor para darte un toque de elegancia.
Esas curvas son fuentes de ramas secas
cuando trato que se entiendan nuestros mundos
al decirte lo bonita que es tu belleza,
que no se oscurece,
no se agarra de los límites,
no necesita de mucho para ser
y no tiene un sitio definido para permanecer.
Aún tus zapatos, que no son de filo ni punta,
no dejan de asombrarme:
tan serios al seguir el compás y la voz de la luna,
haciendo suyo el camino que eligió.
Pero nadie quiere hablar de la responsabilidad que es
el hecho de que te encierres en mis brazos.
Verter toda mi atención cuando te tengo
color carmesí al amarte,
aferrado a mi ideal:
“Afortunado será aquel que su amor conserve;
bendito será el que florezca en un 'te quiero' suyo
y abra los ojos para apreciar tu grandeza en esta noche.”
Lo tengo que decir en secreto:
“Osadía sea el sondeo y el fino aleteo entre las olas de tu vestido de lana.
Que Dios siga alargando tu vida y ese espíritu de bondad tuyo
para predicar al rostro que acostumbra a vivir con cadenas.”
Cuando crece la rosa que habita en tu sonrisa
—opaca pero no triste—
somos el sigilo y el malestar en el viento de tu sombra.
“Ábrete caminos dulces en la ordinaria melancolía”
suelo cantarte, como a los detalles,
las virtudes carentes en el foco de una vida marchita.
Te doy la vuelta entera añorando el primero de nuestros bailes, aunque ya me haya sostenido de tus caderas
cuando, antes de interrumpir el alba y navegar en dicha en tus costado en compás con nuestro sol,
es el momento en que tu silencio reclamó:
¿Bailamos?
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Autor:
Dasha Caballero (
Offline) - Publicado: 14 de junio de 2026 a las 13:06
- Categoría: Carta
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: ArturoEduardo, El Hombre de la Rosa, Antonio Pais, Poesía Herética, Candor

Offline)
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