La otra vez te vi contento,
caminabas junto a ella.
Y no parecías tú,
sentí abrirse aquella grieta.
Me acordé de aquellas tardes,
jugábamos a poetas
y me dedicabas miles
de romances de libreta.
Te extraño aún, no te olvido,
cada sombra es tu silueta.
Cielo negro son tus ojos,
tu mirada, las estrellas.
¿Tan rápido me borraste
de aquella tuya cabeza?
El pasado me visita
en hojas viejas y secas.
Hoy te vi desde la esquina,
tu sonrisa estaba fresca.
Y dolió ver que la vida
sigue igual aunque me duela.
Ya no soy el escenario
donde ensayas tus promesas,
ahora dictas tus versos
en una distinta agenda.
Cruzo los dedos al verte,
por si acaso me recuerdas,
mientras borro con los ojos
el contorno de tu huella.
Pero el viento me repite
que el amor no se congela,
y que el libro de tu vida
ya pasó de mi poema.
