El Estante De Los Arrepentimientos

William26🫶



EL ESTANTE DE LOS ARREPENTIDOS

 

 

Hay una biblioteca antigua que no figura en los mapas, donde descansan las vidas que el destino no me daba.

Sus estantes polvorientos guardan futuros perdidos, y cada libro encuadernado lleva mi nombre escondido.

Una tarde de noviembre, por curiosidad o hastío, tomé un volumen dorado y leí lo que había sido.

Decía: "Poeta famoso". Y sonreí con vanidad. ¿Quién no quisiera probarse un traje de inmortalidad?

Vi teatros encendidos, multitudes de pie, periodistas preguntando qué misterio hay en mi fe.

Mis versos cruzaban mares, los citaban en escuelas, y una lluvia de alabanzas caía sobre mis espaldas.

Firmé libros y retratos, viajé por medio planeta, y hasta hubo quienes juraban que cambié la poesía entera.

Pero algo llamó mi atención al pasar ciertas páginas: los triunfos eran inmensos, las habitaciones vacías.

No encontré tu letra breve sobre la mesa del alba, ni tu voz corrigiendo rimas mientras el café humeaba.

No estabas en los hoteles, ni en los vuelos, ni en los puertos, ni en aquellos auditorios donde me llamaban maestro.

Seguí leyendo más hondo con un extraño temblor, y descubrí que la fama había derrotado al amor.

Por perseguir los aplausos dejé escapar tu mirada, y cuando quise volver ya eras una puerta cerrada.

¿De qué sirven los laureles, las estatuas y la gloria, si la mujer de mis versos se borró de mi memoria?

¿Dónde estás vos ahora, mientras firmo esta derrota? ¿Qué fue de aquellas promesas, de mi nombre en tu boca?

¿Qué importan las ovaciones, los discursos y las rosas, si el silencio de tu ausencia vale más que cualquier cosa?

Entonces vi al poeta recibiendo un gran galardón; sonreía ante las cámaras como sonríen los muertos.

Y entendí, mirando el cuadro, lo que nadie comprendió: hay victorias que por fuera parecen oro... y son dolor.

Cerré despacio aquel libro, lo devolví a su lugar, y el polvo dijo en silencio: "todavía puedes cambiar".

Luego seguí caminando entre futuros dormidos, mientras temblaba el letrero:

"Estante de los Arrepentidos".

Y al salir de aquella sala me siguió una certidumbre: vale más una mirada que mil nombres bajo luces.



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