DoNdE HaBiTa La CaLmA

Alma En Letras

Hubo un tiempo en que observaba aquel lienzo desde la distancia.

No era mío.

Ni siquiera me permitía imaginar que algún día podría acercarme lo suficiente para descubrir cada uno de sus colores.

Sin embargo, mientras algunos paisajes de mi vida comenzaban a perder brillo, aparecías tú.

Primero como una conversación.

Luego como una sonrisa.

Después como esa extraña sensación de sentir paz al encontrar una mirada.

Y sin darme cuenta, lo que parecía una simple coincidencia comenzó a convertirse en un lugar donde quería quedarme.

No llegaste a llenar un vacío.

Llegaste a despertar algo que creía dormido.

Porque hay personas que pasan por nuestra vida dejando recuerdos.

Y hay otras que llegan para despertar sentimientos que uno creía olvidados.

Tú hiciste eso conmigo.

Poco a poco.

Sin prisas.

Sin promesas.

Sin exigir nada.

Como la lluvia suave que cae sobre la tierra seca y sin hacer ruido la devuelve a la vida.

Por eso nunca sentí que te estuviera conociendo.

Sentí que te estaba encontrando.

Como si alguna parte de mi corazón ya supiera quién eras antes de saber tu nombre.

Y mientras más te conozco, más me sorprende la facilidad con la que logras habitar mis pensamientos.

Tu sonrisa tiene algo de refugio.

Tu voz tiene algo de calma.

Tus abrazos tienen esa rara capacidad de detener el ruido del mundo.

Y tus ojos...

Tus ojos tienen la costumbre de decir cosas que las palabras todavía no alcanzan a pronunciar.

A veces me pregunto cómo fue posible.

Cómo una mujer tan hermosa logró entrar tan profundo en mi vida sin hacer fuerza.

Cómo logró convertirse en hogar mientras todavía estaba aprendiendo a abrir la puerta.

Y la respuesta siempre es la misma:

Porque todo lo que nació contigo fue verdadero.

No surgió desde la necesidad.

No nació desde la soledad.

Nació desde la admiración.

Desde el cariño.

Desde la confianza.

Y terminó convirtiéndose en amor.

Un amor tranquilo.

Profundo.

Sereno.

De esos que no necesitan hacer ruido para sentirse inmensos.

Hoy ya no miro el lienzo desde lejos.

Hoy puedo acercarme.

Descubrir cada trazo.

Cada color.

Cada detalle.

Y mientras más lo contemplo, más entiendo que la obra más hermosa no es la que se pinta con las manos.

Es la que se pinta en el corazón.

Por eso, mi hermosa flaca, si alguna vez me preguntas por qué ya no escribo tanto, tal vez sea porque antes escribía para sobrevivir a la tristeza.

Y ahora simplemente me dedico a vivir la felicidad de tenerte.

Porque hay amores que llegan para cambiar una etapa de la vida.

Y hay otros que llegan para quedarse.

Y si la vida me concede un deseo, no sería detener el tiempo.

Sería seguir caminando a tu lado mientras el tiempo pasa.

Contemplando juntos este hermoso cuadro que comenzó con una mirada y que hoy se parece cada vez más a un hogar.

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