El poeta iluminado

Darío Méndez

 

El poeta iluminado

no transpira.

Flota.

 

Camina por la ciudad

sin tocar el suelo,

porque el barro es para los otros.

 

Él ve lo que nadie ve.

Descifra las sombras.

Interpreta la miseria

como quien corrige un examen.

 

Habla del hambre

con la panza llena de metáforas.

Habla del dolor

como si lo hubiera inventado.

 

Si el mundo arde,

es porque no lo escucharon a tiempo.

El poeta iluminado

no se equivoca.

Se indigna.

 

No ama:

dictamina.

No duda:

declara.

 

Y cuando escribe,

desde su pequeña altura,

mira a los mortales

como si fueran borradores

mal hechos.

Pero hay algo que no dice.

Yo también quise ser ese pequeño dios.

 

Yo también probé

la embriaguez de tener razón.

La tentación de señalar

sin mancharme.

 

Creí que la poesía

era una torre.

Hasta que la vida

me bajó de un golpe.

 

La poesía no es una lámpara

que te pone por encima de la noche.

Es una herida

que no termina de cerrar.

 

La miseria que señalo

es también mía.

El barro que desprecio

es el mismo que me sostiene.

 

La poesía no te eleva:

te desnuda.

Y si alguna palabra sobrevive,

no será por su claridad moral,

sino porque alguien —

un lector cansado,

una mujer sola,

un hombre que no entiende su propio dolor—

se reconoció en esa grieta.

 

El poeta iluminado no muere

cuando deja de brillar.

Muere

cuando olvida

que también está hecho de sombra.

 

Y recién cuando tiembla,

cuando se sabe igual a todos,

...empieza 

...de verdad

...a escribir

Comentarios +

Comentarios1

  • Una voz

    Un poeta iluminado no pretende ser Dios sino el humilde hombre que se reconoce humano y eso ya es poesía.

    Dios te bendiga



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