Duele más saber que fui
yo quien descendió voluntariamente a ese incendio
no caí por engaño, ni por ignorancia
caí mirando el fuego y llamándolo destino
subyugada, no por cadenas
sino por esa forma feroz del amor que vuelve sagrada la herida
y hace del abismo un lugar habitable.
Te amé tanto, que confundí mi fe contigo
creí, con la obstinación de quien ama demasiado
que mis manos podrían retener lo que ya se estaba despidiendo en silencio
y mientras construía eternidades,
tú te alejabas lentamente,
como se retira la marea dejando solo restos húmedos sobre la arena
no vi la ausencia llegar, porque estaba fabricando sueños perdidos.
Y aun así volvería
¡mil infiernos los cruzaría uno por uno!
si al final de cada tormento existiera otra vez el instante de tenerte
porque contigo el dolor cambiaba de nombre.
El infierno dejaba de ser castigo
cuando tu cuerpo encontraba el mío,
cuando el mundo afuera dejaba de existir
y solo quedaba ese pequeño universo para dos.
Tus manos, tu voz
la forma en que temblaba el aire cuando me mirabas
todo eso valía más que cualquier promesa de salvación.
¿Qué importa entonces si era ruina o gloria?
¿Qué importa si vivir contigo era también destruirme?
Hay amores que no buscan salvar, solo arder intensamente
antes del derrumbe…te amé así,
con esa devoción absurda que convierte la caída en una forma de oración.
Por eso no le temo al infierno. Ya estuve ahí, entre tus brazos,
y aun así lo llamé paraíso.
Y si existe un Dios capaz de juzgarme por ello,
que también recuerde que fue Él quien cruzó nuestros caminos
y dejó este incendio viviendo dentro de mí.
NM de la Rosa
-México-
-
Autor:
NM de la Rosa. (
Offline) - Publicado: 12 de junio de 2026 a las 01:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3
- Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética

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