Cuando ya no alcancé mi voz

Luis Barreda Morán

Cuando ya no alcance mi voz

Madre,

Si alguna tarde el destino decide cerrar mis caminos
antes de que pueda volver a sentarme junto a ti,
si el tiempo me niega el regreso
y mis pasos se quedan detenidos
en algún rincón del mundo que nunca conociste,
no permitas que la tristeza borre todo lo que fui.

Busca mis huellas
en los senderos que ayudé a abrir,
en las manos que estreché con esperanza,
en los ojos de quienes aprendieron conmigo
a creer que la vida puede ser distinta.

Tal vez no tenga oportunidad
de despedirme como mereces.
Tal vez la distancia se vuelva un muro
y el silencio ocupe el lugar de las palabras.
Pero incluso entonces,
habrá algo de mí caminando entre los vivos.

Estaré en la risa compartida de mis amigos,
en las historias que cuenten al caer la noche,
en las canciones que alguna vez cantamos
para vencer el miedo.
Estaré en cada gesto de solidaridad,
en cada acto sencillo de valentía,
en cada persona que decida tender una mano
cuando el mundo le pida indiferencia.

No llores por los sueños que quedaron incompletos.
Los sueños verdaderos nunca pertenecen
a una sola persona.
Son semillas que viajan de corazón en corazón,
y cuando uno cae,
otros continúan cuidando el jardín.

Quizá mis libros permanezcan abiertos
sobre alguna mesa olvidada.
Quizá mis cartas se vuelvan amarillas con los años.
Quizá mi nombre se pronuncie cada vez menos.
Pero las ideas que defendí
seguirán buscando refugio
en quienes se atrevan a levantarse
contra la injusticia y el miedo.

Y cuando preguntes dónde estoy,
no mires solamente las fotografías.
Mira los rostros de quienes continúan avanzando.
Escucha las voces que aún reclaman dignidad.
Observa a quienes no se resignan
a aceptar un mundo más pequeño que sus esperanzas.

Allí encontrarás parte de mi existencia.

Porque nadie desaparece por completo
cuando deja amor sembrado en los demás.
Nadie se marcha del todo
si alguna palabra suya sigue iluminando una conciencia,
si alguna acción inspira un nuevo comienzo,
si alguna memoria ayuda a otro
a seguir adelante.

Madre,

Si llega el día en que mi silla permanezca vacía
y mis manos ya no puedan alcanzar las tuyas,
guarda en tu pecho la certeza
de que fui feliz intentando ser fiel
a aquello en lo que creía.

Y si el último instante llega sin aviso,
si me encuentra lejos de tu mirada
y lejos del calor de nuestro hogar,
mi pensamiento final emprenderá el mismo viaje de siempre:
volverá a ti.

Porque antes que cualquier bandera,
antes que cualquier camino,
antes que cualquier causa,
fuiste tú quien me enseñó a amar la vida.

Y en el último rincón de mi conciencia,
cuando todo lo demás se desvanezca,
quedará intacta una palabra,
simple y eterna,

mamá.

—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA 
Noviembre, 2018.

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  • Autor: Luis Barreda Morán (Offline Offline)
  • Publicado: 12 de junio de 2026 a las 01:28
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 3


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