Una cucaracha de alas quebradas
habita la soledad en un corredor encantado.
Sin moverse, patas arriba y sin poderse defender,
es visitada por un puñado de hambrientas hormigas:
pequeñas, negras, captando sus movimientos.
Y de los suyos, nadie la acompaña.
Pareciera una despedida sin música.
Algunas más cercanas que otras,
como si quisieran despedirla sin flores;
las de más atrás se mueven inquietas,
cada vez se acercan más, sus antenas se agitan
mientras otras ya van de regreso.
Han pasado días lastimosos, sin angustias.
No hay lágrimas, sino el festín del mundo;
en el firmamento han pasado varias nubes,
la soledad vuelve y ya nadie se le acerca.
Su cuerpo yace a manera de papel estrujado.
Las hormigas, satisfechas, siguen marchando;
se dan la vuelta sin mirarla, como si no existiera,
en una danza idéntica a las que ya se fueron.
Y todo, en el silencio cósmico, vuelve a la normalidad.
Una cucaracha es barrida
y aquel pasillo del mundo, en el ocaso, luce genial.
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Autor:
Luis Rayo (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 11 de junio de 2026 a las 04:30
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, Daniel Omar Cignacco, Osler Detourniel

Offline)
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