Antes del Último Horizonte
Si alguna vez me pierdo en la distancia,
no intentes seguir el eco de mis pasos.
Déjame marchar por caminos desconocidos,
allá donde los recuerdos se cansen de perseguirme
y el viento aprenda a pronunciar mi nombre
sin la sombra del tuyo.
Guárdame en un rincón del tiempo
donde las estaciones cambien sin anunciar tu ausencia,
donde las mañanas no traigan tu voz
ni las noches me devuelvan tu mirada.
Construye para mí un refugio de silencio
y cúbrelo con las hojas de todos los otoños
que aún no han llegado.
Porque hay amores que permanecen
como brasas ocultas bajo la ceniza,
y basta una palabra,
un perfume perdido,
una canción equivocada,
para que vuelvan a incendiarlo todo.
Si alguna vez me ves vacilar,
si descubres que mis pies regresan
al sendero que conduce a tus brazos,
detén mi marcha.
Invéntame tormentas,
levanta muros de niebla,
hazme creer que al otro lado del mundo
existe una paz que todavía no conozco.
No permitas que escuche tu nombre
cuando la nostalgia tenga hambre.
No permitas que el recuerdo me convenza
de que la felicidad era únicamente tu rostro.
La memoria sabe disfrazarse de milagro
cuando el corazón está herido.
Y cuando llegue la noche,
esa vieja cómplice de las ausencias,
siéntate junto a mi tristeza.
No digas nada.
A veces el dolor se calma
cuando alguien permanece.
Recoge las lágrimas que sobren
y entrégalas al río.
Que viajen lejos,
más allá de los puentes,
más allá de los puertos,
más allá de cualquier lugar
donde aún conserve la esperanza de encontrarte.
Miéntele a mi miedo si es necesario.
Dile que sobrevivir también es una forma de victoria.
Dile que los corazones rotos
no dejan de latir,
que aprenden otro ritmo,
más lento,
más prudente,
pero igualmente vivo.
Llévate los retratos,
las cartas olvidadas,
los sueños que construí para dos.
Déjalos donde el tiempo los desgaste
hasta volverlos polvo,
hasta que no sean más que historias
que alguna vez pertenecieron a alguien.
Rompe las promesas que ya no tienen destino.
Desata los nudos que aún me atan al pasado.
Abre las ventanas
para que entren otros amaneceres
y ocupen los espacios vacíos
que dejó tu partida.
Pero si un día,
cuando todo parezca curado,
cuando el horizonte deje de parecer una despedida,
cuando pueda pronunciar tu nombre
sin que se quiebre mi voz,
si ese día preguntas por mí,
diles que seguí adelante.
Diles que aprendí a caminar
con las cicatrices a cuestas.
Que volví a reír.
Que volví a creer.
Que encontré nuevas razones para quedarme.
Y, sin embargo,
guarda este secreto entre las sombras:
que hubo un instante,
antes de que cerraran todas las puertas,
antes de que el silencio reclamara su reino,
antes de convertirme en recuerdo de tu recuerdo,
en que quise correr hacia ti,
tomarte las manos,
olvidar la distancia,
olvidar el orgullo,
olvidar el final,
y decirte,
como quien entrega la última luz de una estrella,
que una parte de mí
te amará siempre,
aunque nunca vuelva.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Diciembre, 2021.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 10 de junio de 2026 a las 03:19
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: michellef

Offline)
Comentarios1
luis leí tu poema de casualidad y solo quería decirte que escribes con un cuidado y una sensibilidad que poco se encuentra, no dejes de hacerlo.
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