Aaaaaaaarggh

MIGUEL CARLOS VILLAR

 

 

 

 

Aaaaaaaarggh

 

 

Hundido en una apatía de mercurio,

observo cómo las manecillas del reloj

devoran hilos de arena tibia

que se desvanecen lentamente hasta

convertir la esfera en un pálido ojo blanco.

 

Deshilvanados pensamientos

echan raíces sobre la almohada;

mi estado de ánimo, como un tul de niebla,

les prohíbe tener esqueleto.

 

En vano intento desenterrar el recuerdo

de realidades que alguna vez fueron líquidas.

 

Un tímido rayo de sol

araña la intimidad de mi habitación,

en busca de un objeto que olvidó su nombre,

de una señal que resista a la sombra.

 

Incapaz de concentrar mi atención,

escondo la cabeza bajo las sábanas de ceniza.

 

La noche sigue respirando dentro de mí.

 

Aaaaaaaarggh

 

Mañana... será... otro... día.

 



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