PADRE Y VIDA

ENRIQUE HORNA

Mi padre murió un día en que yo creía

Que el mundo era bueno

Todo parecía el paraíso de la creencia

Los árboles sonreían, los pájaros cantaban

La tierra suspiraba sus ansias

Sus frutos de la esperanza.

 

Murió el día en que la vida era adolescente

Cuando el amor se enciende sin saber porque

Las ganas de vivir eran infinitas

La familia reía

Acostumbraba su afecto a no llorar.

 

Has tomado mi mano para caminar juntos

Las calles de la tierra y la lluvia

Y volver a la plaza de los encuentros

Al mismo rectángulo donde el espacio no tiene tiempo

Desde ahí nuestros ojos miran las montañas desafíos

Eternamente claras para asumir los retos.

 

Semilla, raíz, tronco del eterno eco que resuena

Levántate todos los días con la gratitud de estar vivo

Agradece todo lo respirado

Mira el firmamento y se humilde

No tengas miedo de soltar tus alas al viento

Navegar los océanos

Recorrer todos los caminos de tu destino

No lamentes tu dolor

No mezquines tu alegría.

 

Siempre juntos desde el nacimiento hasta la muerte

Mas allá de lo concebido y vivido.

 

Hoy en la lejanía de una tierra nueva

El sol se asoma contigo

Para darme la existencia

Soy una hoja de tu cariño

Libre como la brisa

Sintiéndote en cada rato mío.

 

EH                 



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