El reloj de arena ha olvidado cómo contar los inviernos,
y de las trenzas de la viajera nacen golondrinas de mercurio.
Ella camina sobre un puente hecho de siestas suspendidas,
donde la memoria escribe con tinta de relámpago y viento.
No hay muros en la noche que muerde los tobillos,
solo un campo de árboles antiguos que flotan al revés,
raíces besando las nubes,
hojas bebiendo el azul del mediodía.
Abre las manos y caen abecedarios rotos,
leyes de piedra que se disuelven como sal en el océano.
Su risa es un pez de plata que nada en el aire seco,
un tambor de luz que despierta a los espejos dormidos.
¿Quién dijo que los sueños pesan?
Ella lleva un equipaje de plumas invisibles
y un pasaporte sellado por el sol de la tarde.
La libertad no es un camino,
es una silueta corriendo descalza sobre el lomo de un eclipse.
El miedo es un tigre de papel que se quema en su mirada.
Hoy los mapas se doblan como pañuelos de seda,
y en el centro de su pecho,
un río de frutos maduros canta la dulce partitura de la felicidad.
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Autor:
Leoness (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 9 de junio de 2026 a las 07:03
- Categoría: Surrealista
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Rosario_Bersabe, Salvador Santoyo Sánchez, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco

Offline)
Comentarios2
Bellísimo. Felicidades.
La libertad no es un camino,
es una silueta corriendo descalza sobre el lomo de un eclips
Excelente simbolismo que roba la mirada de las pupilas de un sol semi dormido.
Saludos ✅✅✅👍🏼
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