SEÑORA QUE ME LEE

JUSTO ALDÚ


AVISO DE AUSENCIA DE JUSTO ALDÚ
Estaremos ausentes por algún tiempo.

Tu deseo lo llevo en el epílogo de mi sangre.

A ti, dulce señora,
con el corazón vestido de relámpagos cautivos
y las ganas escondidas
como vino antiguo detrás de una puerta sellada.
A ti,
que conoces el idioma clandestino
de las almohadas que conservan
la temperatura de ciertos recuerdos,
el rumor de las fotografías
cuando nadie las mira
y sólo la memoria
enciende sus vitrales de humo.
A ti, dulce señora,
que has guardado tormentas
en los armarios del alma
y has aprendido a sonreír
mientras la nostalgia cose sus heridas
con agujas de penumbra.
A ti,
que aparentas ser isla
cuando en realidad eres marea,
que aparentas ser porcelana
cuando en realidad eres incendio.
Quizá te falte
lo que nadie se atreve a darte:
una mirada que no te mire,
sino que te descifre.
Una mirada capaz de leer
los márgenes secretos de tu sangre,
los párrafos que el tiempo
dejó sin publicar sobre tu cuerpo
No una promesa.
No una mentira vestida de perfume.
Quizá apenas un verso.
Pero un verso que respire.
Un verso que huela a tormenta
y pueda escucharse con la piel.
Porque existen noches, señora,
noches donde el deseo
afila sus cuchillos de música,
y la memoria recuerda de repente
que el cuerpo también tiene nostalgia.
Entonces,
todo el cuerpo escucha.
Escuchan las manos.
Escuchan los labios.
Y escucha la muchacha
que todavía vive en ti,
peinándose frente al espejo
de sus primeros sueños.
Atrévete entonces.
Atrévete a probar
el sabor azul de mis silencios.
Atrévete a leer con la piel
los besos que escribo a contraluz
sobre tu monte de Venus,
allí donde la sangre conserva
una lámpara encendida,
allí donde el deseo
guarda intacta su última frontera.
Atrévete a escuchar
el perfume oscuro de ciertas palabras,
porque hay incendios
que no conocen la vejez.
A ti, dulce señora,
te ofrezco una lámpara de sílabas,
una pequeña conspiración de música
contra el olvido,
contra la ceniza,
contra la costumbre.

Y si alguna vez
la soledad golpea tu ventana
con sus nudillos de ceniza,
abre este poema.
Déjalo sentarse contigo.
Déjalo encender una lámpara
en mitad del frío.
Porque hay mujeres
que envejecen.
Y hay mujeres
que se vuelven música.
Y tú, dulce señora,
cuando un verso verdadero
encuentra la puerta secreta de tu sangre,
no envejeces.
Te vuelves canción.
Te vuelves tempestad.
Te vuelves fuego.
Y ardes
más allá del tiempo.

Ahhh, dulce señora que me lees. 

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

  • Autor: JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 8 de junio de 2026 a las 22:58
  • Comentario del autor sobre el poema: Dedicado con cariño a todas esas "señoras" de Poemas del Alma.
  • Categoría: Amor
  • Lecturas: 7
  • Usuarios favoritos de este poema: Poesía Herética, Osler Detourniel, Tommy Duque
Comentarios +

Comentarios1

  • Tommy Duque

    Ay, hermano, tan pronto como leí el título en tu hermoso poema, sospeché que iba a ser una forma más fina y elegante de ensalzar el talento y belleza de las hembras del Portal, algo que me inspiró a escribir mi serie Poetisa Del Portal, de la cual más tarde publicaré el # 21. Los míos de una manera más rústica y ordinaria, alaban la poesía de las Poetisas.
    Me encantó tu contribución.
    ✌️🎸✌️🎸

    • JUSTO ALDÚ

      Ja, ja, ja... 😂👌Si, yo te he leído, no sé cuantos pero los he leído. Hoy quise dedicarle algo a las maduras que aún sueñan y a veces creen que el amor, el deseo o la admiración quedaron atrás. Nada más lejos de la realidad. Este poema busca recordar que la belleza no tiene fecha de vencimiento y que hay fuegos que el tiempo no apaga, sino que vuelve más profundos. Me inspiré en una novia de juventud que me topé en la calle.. nos tomamos un café y bueno... Al final me dijo sinvergüenza por mirarle el escote. 😂que no había cambiado nada, pero yo sé que sí he cambiado....

      Gracias por el comentario hermano.



    Para poder comentar y calificar este poema, debes estar registrad@. Regístrate aquí o si ya estás registrad@, logueate aquí.