SOBRE EL PAÍS QUE ESCONDÍA LOS LIBROS (y 5)

Nkonek Almanorri

 

 

 

…En muchos de aquellos libros casi escondidos y ocultados en la Biblioteca Nacional – escondidos por complejos o quizás mala conciencia y sentimientos de inferioridad aún en la rancia clase política española en el momento de ser llevados allí después de siglos escondidos por sus autores para preservarlos -, se ve que enn sus portadas hay aún caracteres árabes, y es verdad que tal se debiera dar el caso que cuenta Ricote a Sancho Panza y es el de volver a España para buscar y recuperar los tesoros que dejaron los moriscos españoles escondidos antes de marcharse unos y ser expulsados la mayoría. Por si algunos, algunos muchos, no lo han podido saber y aún no lo saben resulta de ser que la mayoría de esos libros que ahora están y se muestran en las vitrinas de la Biblioteca Nacional vienen y llegaron allí de escondrijos a los que sus dueños no volvieron o no pudieron volver jamás para recuperarlos. Libros a los cuales antes de esconderlos los envolvían con amor en lienzos de lino y les colocaban una piedra de sal o una rama de espliego para que la humedad y la oquedad del tiempo no los dañaran; luego los guardaban y los escondían tan meticulosamente que resulta que se han tardado siglos en ser descubiertos y encontrados. Hoy, cuando sabemos lo que sabemos de estos hechos es para preguntarse no sin asombro y tristeza: ¿Qué Historia, con mayúscula, habrá detrás de cada uno de esos libros?, ¿Cuál sería el destino de todas y cada una de aquellas personas que se tomaron tanto trabajo para que aquellos  inquisidores no los encontraran o con la esperanza de volverlos a encontrar intactos cuando les fuera posible volver?

 

Se sabe, hoy, que en el pueblo de Ricla, en la provincia de española de Zaragoza, apareció uno de estos libros en el año 1719, estaba debajo del tejado. En 1728, en el mismo pueblo y en otra casa, el lugar escondido había sido un pilar hueco en un patio. En Agreda, otra población y en 1795 se encontraron unos libros de moriscos españoles al derribar una pared; descubrieron en ella una estantería tapiada repleta de libros de moriscos viejos ya españoles. El hallazgo más cuantioso, hasta la fecha, sucedió en Almonacid de la Sierra en 1884: en el derribo de una casa antigua se descubrió que entre el suelo de la obra y el falso suelo de madera de una habitación había más ochenta volúmenes, completamente nuevos e intactos después de trescientos años allí escondidos, todos ellos con sus telas de lino y sus piedras de sal. El fuego del que habían escapado al final acabó con algunos de ellos: los albañiles de la época los usaron para prender hogueras y calentarse del frío de aquel invierno.

 

Años después de publicar este artículo en Diario de Las Palmas, 2012, tomando referencias de lo escrito por el periodista Antonio Muñoz Molina, leo sobre la biografía de un grancanario, Silvestre de Balboa Troya y Quesada, bautizado en una pequeñísima parroquia a escasos trescientos metros de mi casa en Las Palmas de Gran Canaria, este canario, emigrado a Cuba años después, es el autor del poema Espejo de Paciencia y que dio inicio a lo que se ha dado en llamar “Principio de la Poesía en Cuba” y que fue hallado doscientos años después de ser escrito escondido entre los muros de su casa cuando ésta fue derrumbada. El abuelo de Silvestre de Balboa llegó a Canarias a mediados de 1400, quizás huyendo de las persecuciones de la Inquisición española que fue erradicada a finales de 1800, y quizás, también, se trajera en la memoria la tradición de esconder los libros y que luego su nieto llevó a cabo en Cuba. El miedo cuando no el odio al conocimiento y la cultura es lo que siempre ha distinguido a todas las castas de poder en España, desde siglos y por lo que vemos aún hasta hoy.

Fin.

 

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  • Autor: Nkonek Almanorri (Offline Offline)
  • Publicado: 7 de junio de 2026 a las 15:19
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 7
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Comentarios2

  • Nelly Cevallos - Liora

    Querido Nkonek:

    Me ha resultado especialmente conmovedora la historia de esos libros escondidos durante siglos. La imagen de los volúmenes envueltos en lino, protegidos con sal y espliego, permanece mucho tiempo en la memoria. Más allá del valor histórico del relato, hay algo profundamente humano en ese intento de preservar la palabra frente al miedo, el exilio y el paso del tiempo.

    Mientras leía, no podía evitar preguntarme por las manos que los ocultaron con tanto cuidado y por las vidas que quedaron suspendidas alrededor de cada uno de esos libros. Un texto que invita a mirar la Historia desde sus huellas más íntimas.

    LIORA

  • Salvador Santoyo Sánchez

    Gracias por mostrarnos estos artículos que revelan hechos, donde el paso del tiempo conservo esos libros ocultos.
    Bien vale recordar a esos héroes anónimos que buscaron conservar letras en el tiempo.

    Saludos Nkonek



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