Pequeños brotes de vida se asoman
desde lugares donde juré que nada volvería a crecer.
No llegan con promesas grandiosas,
ni con la certeza de un mañana mejor.
Apenas existen, temblando,
como una posibilidad que aún no decide quedarse.
El mundo insiste en llamarlo esperanza.
Yo no estoy tan seguro.
He visto cómo los días cambian de rumbo sin avisar,
cómo la realidad dobla los sueños
hasta hacerlos caber en el bolsillo de la resignación.
Hay momentos en que el camino parece una pendiente de vidrio:
un paso en falso y todo vuelve a caer.
Y aun así...
Tuve la extraña fortuna de encontrar una luz.
No una que disipara la oscuridad,
sino una que me enseñó que ambas pueden convivir.
No sé si llegaré lejos.
No sé si ganaré esta batalla silenciosa contra mí mismo.
Pero desde que vi esa luz,
los instantes dejaron de parecerme tan vacíos.
Ahora intento recogerlos antes de que desaparezcan:
una sonrisa inesperada,
una conversación breve,
el calor de un recuerdo que se niega a morir.
No me amo.
No me odio.
Soy algo más simple y más extraño que eso.
Habito mis heridas
como quien habita una casa incompleta:
con goteras, paredes agrietadas
y ventanas que aún dejan entrar la luz.
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Autor:
Stanley Herrera (
Offline) - Publicado: 7 de junio de 2026 a las 15:02
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Una voz, Antonio Pais

Offline)
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