Ven a mi lado, espíritu esperado,
que el mundo es una playa de inclemencia,
poblada por las piedras sin esencia,
de peso muerto y rastro congelado.
Ven pronto, que el amor se ha sublevado,
y rompe esta rocosa indiferencia;
no escuches de la roca la advertencia,
ni quedes en la tierra sepultado.
Brilla un umbral en nuestro cielo frío,
que marca un horizonte imaginario,
donde termina el terrenal desvío.
Escala hasta mi diáfano santuario,
y deja atrás el pedregal sombrío;
ven, alma, a nuestro encuentro milenario.
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Autor:
Raúl Tello G. (
Offline) - Publicado: 7 de junio de 2026 a las 05:24
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 4
- Usuarios favoritos de este poema: Maby De los Peña, Antonio Pais

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