Culpable o no?

Midnightfrases

Aquí estoy, tirado en la grama.

Sintiendo cómo la vida se me escapa entre los dedos.

¡Qué ironía!

 

El cielo está tan claro, tan limpio…

como si no supiera lo que está pasando aquí abajo.

 

Mi camisa blanca, ahora irreconocible, manchada de sangre,

como si alguien hubiera pintado sobre mí con violencia,

como si cada mancha fuera una palabra que nunca dije a tiempo.

 

Mis manos aprietan mi pecho con fuerza,

buscando sostener algo que ya no está,

intentando contener un vacío que no deja de crecer.

 

Mi cuerpo colapsa en un dolor que no entiendo,

un dolor que no es solo físico,

es algo más profundo, más oscuro,

algo que no sangra… pero mata.

 

Un dolor que me paraliza,

pero al mismo tiempo me desespera,

como si me gritara que haga algo,

cuando ya es demasiado tarde para hacerlo.

 

Otro asesinato ocurrió…

y no sé si soy la víctima o el victimario.

 

Porque aquí estoy, desangrándome,

pero también recuerdo cada palabra que disparé como balas,

cada silencio que clavé como cuchillo,

cada momento en el que pude amar mejor… y no lo hice.

 

Estoy cubierto de sangre y no puedo recordar qué pasó exactamente.

Los recuerdos vienen rotos, incompletos, distorsionados…

 

Solo un nombre llega a mi cabeza.

Siempre el mismo.

 

Un nombre tan familiar,

tan mío,

pero que duele solo con pronunciarlo en silencio.

 

Mis ojos se encandilan con el sol,

y por un segundo todo se vuelve blanco,

como si el mundo quisiera borrar esta escena,

como si quisiera darme otra oportunidad…

 

Pero cuando vuelvo a ver, sigo aquí.

 

Mis manos no dejan de apretar mi pecho.

No entienden que ya no hay nada que salvar.

 

Me sigo revolcando en la grama,

sintiendo la tierra pegarse a mi piel,

como si quisiera reclamarme,

como si ya supiera que voy a quedarme aquí.

 

Aquí estoy… solo.

Como siempre he estado, aunque no lo quisiera admitir.

 

Ella aparece a lo lejos.

O tal vez nunca se fue.

 

Su figura es borrosa, distante,

como un recuerdo que se resiste a desaparecer por completo.

 

Grito su nombre.

Una vez.

Dos veces.

Mil veces.

 

Pero con cada grito, ella se aleja más.

 

No corre.

No huye.

Simplemente… se va.

 

Como si nunca hubiera sido su lugar quedarse.

 

Grito con más desespero,

mi voz se rompe,

mi garganta arde,

pero ella solo empieza a desvanecerse,

como humo entre los dedos.

 

Y en ese último grito ahogado…

recuerdo.

 

Recuerdo el momento exacto.

 

No fue un golpe.

No fue un accidente.

 

Fue lento.

Fue silencioso.

 

Fue el día en que me miró sin verme.

El día en que sus manos dejaron de sostenerme igual.

El día en que su voz ya no me encontraba.

 

Ese fue el día en que empezó a arrancarme el corazón.

 

Sin prisa.

Sin culpa.

 

Y cuando por fin lo tuvo en sus manos,

simplemente… se fue.

 

Con la excusa de que era demasiado para ella.

Demasiado intenso.

Demasiado real.

 

Pero aun así… se lo llevó.

 

Se llevó lo que me mantenía vivo

y me dejó aquí,

aprendiendo a sobrevivir sin ello.

 

En lo que me convertí le asusta.

Dice que hay algo oscuro en mí ahora.

 

Y tiene razón.

 

Porque cuando amas hasta romperte,

algo dentro de ti no vuelve a ser luz completa.

 

Le parece turbio que mis sentimientos den miedo,

pero nunca entendió

que ese miedo nació del amor que le tuve.

 

Mientras mi cuerpo se sigue revolcando,

me doy cuenta de algo cruel,

algo casi irónico:

 

Santo nuevo no hace milagros cuando hay uno viejo olvidado.

 

Yo seguía rezándole a lo que ya no existía,

esperando respuestas de alguien que ya había cerrado la puerta.

 

Y ahí está ella…

a lo lejos.

 

Clara ahora.

Intocable.

 

Observando.

 

Viendo cómo me desangro,

como si fuera una escena ajena,

como si nunca hubiera sido parte de esto.

 

Y lo peor…

es que ya no parece importarle.

 

Sus manos ya no están vacías.

 

Se pierden en las de alguien más.

 

Alguien que no soy yo.

 

Alguien que no sabe

lo que yo fui capaz de dar.

 

Le di el control de mi vida sin darme cuenta,

le entregué cada parte de mí

como si eso garantizara que se quedaría.

 

Y me dejó desangrar…

mientras ella aprendía a vivir plenamente sin mí.

 

Mientras yo…

me desvivía por cuidarla.

 

Qué ironía.

 

Hoy me desangro en esta misma grama

donde alguna vez imaginé un futuro,

donde creí que el amor era suficiente.

 

Y ahora, entre cada latido que se apaga,

por fin entiendo:

 

Mi alma… no era para ella.

 

Nunca lo fue.

 

Y este amor…

 

no murió hoy.

 

Murió el día en que dejó de ser de dos

y yo seguí luchando solo.

  • Autor: Mr. W (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 6 de junio de 2026 a las 19:45
  • Comentario del autor sobre el poema: Cuando nos olvidamos quienes somos, nos perdemos en un laberinto que nos enseña a volver a nosotros
  • Categoría: Reflexión
  • Lecturas: 2
  • Usuarios favoritos de este poema: Sergio Alejandro Cortéz


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