¡¡¡ EL CABALLO Y EL HOMBRE !!!
+Versos de la Rosa+
Toma calostro de la yegua pequeño potrillo
por avanzar corpulentos por sus montañas,
donde un Humano los prodiga esta libertad
para brindar cierta amistad al mejor amigo.
No temas porque hoy no galopas su guerra
donde sus caballos son escuadras enteras,
hoy esos equinos que no corren es comida
venden su carne para el consumo Humano.
Soy la hierba verde que alimenta al ganado
que nutre con verde al caballo en el monte,
galopando con sus potros en las montañas
crezco con el señorío que me ayuda a vivir.
Sosegado al equino que pasta por el monte
al animal armoniosa con casta de campeón,
reposa en su pradera con caballos y yeguas
que pastorean su hierba en la alta montaña.
Existe bajo ese poderío que crea el caballo
soportando inmutable su existencia activa,
cuando sus patas escarba buscando raíces
deleitándose con las raíces como alimento.
Vela el sentir del pastor que le trae su paja
para equilibrar la alimentación en el monte,
agradeciendo al ser del caballo ese poderío
los engordan para venderlos como sustento.
Autor:
Críspulo Cortés Cortés
El Hombre de la Rosa
6.- de junio año 2026
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Autor:
El Hombre de la Rosa (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 6 de junio de 2026 a las 01:22
- Comentario del autor sobre el poema: EL CABALLO Y EL HOMBRE. Son dos seres que se han necesitado el uno al otro para sobrevivir en las Guerras Humanas que el hombre ha realizado desde el inicio de una Civilización dedicada a la agresión y la Guerra. Desde que el hombre fue espulsado del Eden hasta hoy, la mayor parte de los caballos son sacrificados para alimentar las bocas de los hombres que antes galopaban en las terriibles Guerras Humanas. Críspulo no come carne de caballo por respeto a su raza. El Hombre de la Rosa desde Torrelavega.
- Categoría: Naturaleza
- Lecturas: 8
- Usuarios favoritos de este poema: El Hombre de la Rosa, Salvador Santoyo Sánchez, Poesía Herética

Offline)
Comentarios2
Estimado amigo Crispulo:
La canción del caballo blanco, no fue inspirada en un caballo. Esta inspirada en un Automóvil blanco, en el que viajaba José Alfredo Jiménez. El auto iba fallando, tiraba aceite, pero así logró llegar a su destino.
Esta anécdota fue contada por el propio José Alfredo Jiménez.
Saludos poeta Hombre de la Rosa.
Interesante reflexión Crispulo, pasa un buen fin de semana, yo hoy viajo a Barcelona hasta el miércoles.
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