El destino estaba sentado en una silla de humo,
tejiendo caminos con agujas de relámpago.
Cada hilo era una vida.
Cada nudo, una despedida.
Cada corte, un universo entero cayendo al vacío.
Yo llegué a la Catedral del Destino Imposible
montado sobre un tren que corría por las venas del tiempo.
Las paredes respiraban.
Los vitrales mostraban futuros que aún no existían.
Y las campanas sonaban hacia atrás.
En el altar central descansaba un libro infinito.
Sus páginas se escribían solas.
En una página vi mi nacimiento.
En otra, mi muerte.
En otra, una versión de mí hecha de estrellas rotas.
En otra, nunca había existido.
Un cuervo de cristal se posó sobre mi hombro.
—El destino no es una línea —dijo—.
Y entonces las paredes comenzaron a derretirse.
La catedral se convirtió en un océano.
El océano en una tormenta.
La tormenta en un reloj.
Y el reloj en el ojo de un gigante dormido.
Dentro de aquel ojo había miles de mundos.
En uno, los árboles cultivaban personas.
En otro, los sueños cazaban a los soñadores.
En otro, las montañas caminaban lentamente hacia el horizonte para escapar de sus propios nombres.
Todo era imposible.
Todo era absurdo.
Todo era real.
Entonces encontré al Guardián de los Caminos.
Su cuerpo estaba hecho de puertas.
Sus manos eran laberintos.
Su rostro cambiaba cada segundo.
Ni siquiera él sabía quién era.
—¿Cuál es mi destino? —pregunté.
El guardián rió.
Su risa se transformó en galaxias.
Las galaxias se transformaron en ceniza.
La ceniza se transformó en mariposas.
Y las mariposas escribieron una sola palabra en el cielo:
"Elige."
El universo tembló.
Las estrellas dejaron de moverse.
Los planetas guardaron silencio.
Y comprendí algo que ni los dioses ni los monstruos podían cambiar:
El destino no era una prisión.
Era un océano.
No una orden.
Sino una posibilidad.
No una cadena.
Sino un sendero que nacía con cada paso.
Entonces cerré el libro infinito.
Las campanas dejaron de sonar.
La catedral desapareció.
Y mientras caminaba hacia lo desconocido,
escuché la voz del destino por última vez:
—No vine a decirte quién serás.
—Vine a mostrarte todo lo que podrías llegar a ser.
Y el infinito abrió sus alas.
Y el viaje comenzó.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Offline) - Publicado: 6 de junio de 2026 a las 01:06
- Comentario del autor sobre el poema: "El destino no escribe tu historia; solo te entrega la pluma
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
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