No te pido que camines delante de mí,
como quien conoce el mapa secreto de los días,
ni detrás,
como quien sigue una sombra.
Te pido algo más sincero,
más humano:
que andemos juntos.
Que cuando el sendero se vuelva fango para mí,
me prestes tus ojos;
y cuando el bosque se vuelva niebla para ti,
yo te preste los míos.
Quiero acompañarte
cuando el mundo sea un sol ardiendo entre las nubes,
y cuando el mundo sea
una noche fría sin estrellas.
Quiero ser la mano que encuentre la tuya
cuando el camino se vuelva laberinto,
y la mirada que te recuerde un atardecer en la Audiencia
cuando el mundo parezca perder sus colores.
Y si algún día el tiempo borra nuestras huellas de la arena,
que sepan que hubo dos viajeros
que eligieron el mismo camino;
y que, mientras lo recorrían,
avanzaron uno al lado del otro,
como si el amor fuera precisamente eso:
no llegar,
sino acompañarse.
Que nuestros pasos aprendan el mismo idioma;
que el tiempo nos contemple avanzar despacio,
como dos astros errantes que,
después de siglos de girar en soledad,
descubrieron que compartían el mismo universo.
Y cuando la tarde se derrame sobre los años,
cuando la vida nos encuentre cubiertos de recuerdos,
quiero seguir a tu lado,
tomando tu mano como la primera vez,
con la misma certeza de que,
entre todos los caminos del mundo,
el milagro no era llegar a alguna parte,
sino encontrarte a ti
y caminar juntos.
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Autor:
Alfredo Ulises Ortiz Castellanos (
Offline) - Publicado: 5 de junio de 2026 a las 15:27
- Categoría: Amor
- Lecturas: 2
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais

Offline)
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