La luna se comió al sol un martes azul,
mientras peces con sombrero discutían matemáticas
en una bañera llena de truenos líquidos.
Yo caminaba hacia arriba,
porque abajo había renunciado a existir.
Los relojes ladraban como perros de cristal,
las sombras pagaban impuestos,
y un ejército de jirafas invisibles
declaró la guerra a los colores.
En el universo número siete mil millones,
las montañas estaban hechas de preguntas,
y cada respuesta se convertía en una araña
que tejía galaxias dentro de una taza de café.
Un emperador de papel gobernaba el vacío.
Su corona era un agujero negro domesticado,
y su consejero era una cebolla filósofa
que lloraba cada vez que entendía algo.
Los océanos aprendieron a caminar.
Abandonaron las costas una madrugada
y se marcharon al espacio
en busca de planetas con mejor clima.
Mientras tanto, en otra realidad,
los pensamientos escapaban de las cabezas
para formar sindicatos de ideas rebeldes.
Un dragón compuesto de ecuaciones imposibles
devoraba bibliotecas enteras,
pero solo se alimentaba
de las páginas que nadie había leído.
Las estrellas estornudaban universos.
Los universos soñaban personas.
Las personas soñaban monstruos.
Y los monstruos soñaban estrellas.
Todo giraba.
Todo gritaba.
Todo reía.
Y entonces apareció la Locura.
No tenía rostro.
Tenía miles.
No tenía voz.
Tenía tormentas.
No tenía forma.
Era un castillo hecho de espejos rotos,
de canciones olvidadas,
de recuerdos que jamás ocurrieron.
Ella abrió una puerta.
Detrás de la puerta había otra puerta.
Y detrás de esa puerta había un caballo.
Y dentro del caballo había un océano.
Y dentro del océano había un dios.
Y dentro del dios había una puerta.
La Locura sonrió.
El círculo continuó.
Los planetas comenzaron a bailar tango con los cometas.
Las leyes de la física huyeron aterrorizadas.
El tiempo se dobló sobre sí mismo
hasta convertirse en una grulla de papel.
Y cuando el último universo explotó
en una lluvia de mariposas fluorescentes,
un pingüino gigante, sentado sobre una nube de fuego,
declaró solemnemente:
—Nada de esto tiene sentido.
Y por primera vez en toda la eternidad,
todo estuvo de acuerdo.
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Autor:
Jhondy Algenys (
Offline) - Publicado: 5 de junio de 2026 a las 01:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 2

Offline)
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