Hecha de historias
Estoy hecha de historias.
De historias que llegaron despacio,
como la lluvia que acaricia la tierra,
y de otras que irrumpieron de golpe,
como tormentas que cambiaron paisajes enteros.
Estoy hecha de historias que dejaron huellas,
de palabras que permanecieron,
de silencios que enseñaron,
de abrazos que sanaron heridas,
y de despedidas que me enseñaron a seguir caminando.
Cada persona que ha cruzado mi camino
ha escrito una línea en mi existencia.
Algunas permanecieron durante años,
otras fueron apenas un instante,
pero todas dejaron algo suyo en mí:
una enseñanza, una emoción,
un recuerdo imposible de borrar.
Hay historias llenas de luz,
de risas compartidas,
de sueños construidos entre manos amigas,
de momentos sencillos
que terminaron convirtiéndose en tesoros.
Y también hay historias difíciles,
de lágrimas escondidas,
de pérdidas que parecían eternas,
de caminos inciertos
y de noches que parecían no tener amanecer.
Pero incluso esas historias
que alguna vez dolieron,
hoy forman parte de mi fortaleza.
Porque cada experiencia,
cada encuentro y cada despedida,
ha sido una puntada invisible
que ha dado forma a quien soy.
Estoy hecha de historias de infancia,
de voces que aún viven en mi memoria,
de personas que me enseñaron a amar,
a confiar,
a caer y volver a levantarme.
Estoy hecha de historias heredadas,
de aquellas que escuché de mis abuelos,
de sueños que nacieron antes que yo
y que encontraron refugio en mi corazón.
También estoy hecha de historias compartidas:
de amigos que se convirtieron en familia,
de amores que dejaron huellas imborrables,
de desconocidos que llegaron por un momento
y transformaron para siempre mi manera de mirar la vida.
Porque nadie se construye en soledad.
Somos páginas escritas por muchas manos,
somos la suma de las historias que vivimos
y de las historias que otros nos regalan.
Cada mirada,
cada gesto de bondad,
cada conversación sincera,
cada mano tendida en el momento justo,
se convierte en una nueva historia
que encuentra un lugar en el alma.
Y lo más hermoso es saber
que nunca estaremos terminados.
Nunca seremos una obra concluida,
porque siempre habrá una nueva historia por vivir,
un nuevo aprendizaje por descubrir,
una nueva persona capaz de dejar su huella en nosotros.
Por eso agradezco profundamente
a cada uno de ustedes,
a quienes caminaron conmigo un largo trecho,
a quienes llegaron apenas un instante,
a quienes permanecen
y a quienes viven ahora solamente en mis recuerdos.
Gracias por las historias que dejaron en mí,
por todo aquello que me ayudó a crecer,
a comprender,
a amar con mayor profundidad
y a mirar el mundo con más humanidad.
Deseo también dejar historias hermosas
en cada corazón que encuentre en mi camino.
Que mis palabras,
mis acciones,
mis abrazos y mis silencios
puedan convertirse en recuerdos valiosos
para quienes compartan conmigo algún fragmento de su vida.
Y que así,
historia tras historia,
encuentro tras encuentro,
alma tras alma,
sigamos tejiendo la maravillosa obra de nuestra existencia.
Porque al final,
somos eso:
un inmenso tejido de historias,
entrelazadas por el tiempo,
unidas por el amor,
bordadas con recuerdos,
con aprendizajes,
con despedidas y reencuentros.
Y cuando miremos hacia atrás,
descubriremos que la verdadera belleza de la vida
no estuvo solamente en nuestra propia historia,
sino en todas aquellas que tuvieron el privilegio
de encontrarse con la nuestra.
—Luis Barreda/LAB
Tujunga, California, EUA
Junio, 2019.
-
Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 4 de junio de 2026 a las 04:02
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 3

Offline)
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