Autor: Darío Daniel Lugo
He aquí, caminaré entre montañas,
mas lo que mis ojos verán
será la tilde de lo que antes fue
mero destello del reflejo cegador.
No camino, simplemente vivo
donde la luz muere y solo queda
lo que siempre fue principio y fin:
la oscuridad.
Y el castillo ahí permaneció firme, con heridas que cuentan sus batallas en oscuras puntas de lanza, picos de fuego negros atravesando heridas de valor. Jinete de armaduras blandas, tu amigo fiel galopando en oscuridad; tinieblas al amanecer, trigales negros transcriben el espacio al infinito donde la luz se apaga sin renacer. Faro, tú me guías en mares sin final, abismo de no retorno donde el silencio desaparece dejando lo Innombrable. Rosas marchitas teñidas de sangres negras, umbral de espejos cegados por luz engañosa. Carpintero de lo que se puede nombrar, clavos frágiles dejan como hilos de seda al filo de la oscuridad. Camino donde lo tangible deja de ser para convertirse en cenizas del viento, gravedad, tierra flotante donde solo eres un punto lejano; donde la ciencia cae mil veces en su ego de ser el dueño de lo inalcanzable y de lo incomprensible. Como ser transmutable, escribes lo que la luz demanda, pero el tesoro espera donde la oscuridad gobierna.
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Autor:
Dario Daniel Lugo (
Offline) - Publicado: 3 de junio de 2026 a las 17:41
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Franco Garcia lopez, Estevan Garcia, Sergio Alejandro Cortéz, Osler Detourniel

Offline)
Comentarios1
Mi línea favorita sin duda fue: ‘donde la ciencia cae mil veces en su ego de ser el dueño de lo inalcanzable.
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