A veces podemos transportarnos a espacios que nos atrapan con emociones indescriptibles, de las cuales
disfrutamos el sentimiento que nos trae al pensamiento y al corazón...
Sin embargo: ¿Cuántas veces entramos a los laberintos que existen en esos espacios para poder comprender
nuestro pasado y nuestra realidad?
Creo que antes de dar una respuesta a esa pregunta, deberemos preguntarnos: ¿De qué manera recorro mis
laberintos personales? ¿Cómo puedo discernir cual es el camino correcto a recorrer?
Y debemos plantearnos este cuestionamiento para respondernos de manera congruente cual es el sentido
que le damos a nuestra vida, o el que le queremos dar.
Cuando inicia un día nos encontramos antes la encrucijada muy especial de decidir cuál es el espacio que
visitaré o si solamente estaré en la zona que me hace sentir confortable. Y cuestionarnos de esta manera
nos hace reflexionar más profundamente sobre qué es lo que hacemos de manera merecida para visitar esos
espacios bellos de nuestra vida y no solo visitarlos para obtener provecho de mala manera y con una conciencia plena.
Una imagen que podemos presentar como reflejo de nuestra vida y que recibe los parabienes más bellos e inesperado
es precisamente el reflejo y la ubicación de donde estamos en ese momento. Y al mencionarlo es referirnos precisamente
al espacio de nuestra vida, tal vez del pasado o tal vez del presente. Esos espacios que guardamos en nuestro interior para
volver a ellos en un momento dado, donde nuestro sentir y la decisión de proyectarlo viene acompañada del deseo de
enviar un mensaje.
Es como cuando inicias el día, y consideras lo que dijo un día Francis Bacon: La esperanza es un buen desayuno,
pero una mala cena.
Un buen inicio de visitar el espacio de tu vida que deseas volver a sentir, pero una mala cena si te ubicaste en ese espacio
y lo modificaste con un mensaje que te deja un sabor de boca aparentemente agradable, pero que en la cena te dejará
una sensación agridulce. Tal vez adecuada a lo que deseas proyectar, pero no placentera y adecuada.
Visitar los espacios de nuestra vida siempre tienen el compromiso fascinante de volver a vivirse desde otro punto de
apreciación, lo cual nos permite considerar, valorar y entender aquellos que no vimos en un momento.
Pero no es una visita que obligadamente debe tener el propósito de enviar sensaciones agridulces. Debe ser con
la conciencia de saborear aquello que en su momento nos dio un sabor dulce de presente, el cual no se debe de
cambiar por el agridulce del presente con sensación de oportunismo personal.
Los espacios de nuestra vida encierran aquello que nos hace volver a vivir de manera indescriptible lo que no
queremos dejar que se vaya de nuestra vida. Sin embargo, maquillarlos con el sentimiento personalizado del
mensaje equivocado, nos deja sin ese sabor placentero del desayuno al inicio del día, y permite la presencia
del agridulce de una cena equivocada.
Los espacios de nuestra vida....
Arturo Eduardo Gámez Torres
Baja California, México
"Entender el sentimiento del alma y los secretos del corazón ..."
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Autor:
ArturoE (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 3 de junio de 2026 a las 03:41
- Comentario del autor sobre el poema: Hay ocasiones en que nuestro interior nos cuestiona de manera inesperada y sorpresiva...
- Categoría: Reflexión
- Lecturas: 10
- Usuarios favoritos de este poema: Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, Salvador Santoyo Sánchez, Sergio Alejandro Cortéz

Offline)
Comentarios1
A veces la esperanza es agradable cena.
Saludos poeta ArturoE
Hola Salvador..
Si.. también creo que a veces será una agradable cena..
Saludos poeta....
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