Tu nombre

chauchesco

Hay nombres que no se pronuncian completos

porque duelen menos cuando se esconden

entre versos,

como si el corazón intentara protegerse

de aquello que nunca pudo quedarse.

 

A veces aparece una A

en mis pensamientos más silenciosos,

abriendo heridas pequeñas

que todavía llevan tu risa.

 

Luego llega la L,

larga como las noches

en las que imaginé un futuro

que jamás iba a pertenecerme.

 

Y en medio de todo queda la A otra vez,

porque quererte fue un círculo;

volver a ti en cada canción,

en cada mirada,

en cada esperanza tonta que inventaba mi pecho.

 

Después aparece la N,

seca, final, inevitable.

Como un adiós dicho con ternura.

Como tus palabras suaves

rompiéndome despacio.

 

Y aun así…

si pudiera elegir entre retenerte

o verte feliz lejos de mí,

te dejaría ir mil veces.

 

Porque el amor más triste

no es el que termina,

sino el que entiende

que no puede obligar a nadie a quedarse.

 

Te quise de la forma más honesta que pude.

Sin juegos.

Sin mentiras.

Con el miedo temblándome en las manos

y el corazón hecho un desastre.

 

Y aunque me duela aceptar

que nunca serás mío,

prefiero cargar yo con esta tristeza

antes que convertir mi cariño

en una jaula para ti.

 

Así que ve,

ríe, enamórate, vive bonito.

Yo aprenderé lentamente

a convertir tu recuerdo

en algo que ya no lastime tanto.

 

Porque hay personas

que uno no deja de querer…

solo aprende a quererlas desde lejos.



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