Hay nombres que no se pronuncian completos
porque duelen menos cuando se esconden
entre versos,
como si el corazón intentara protegerse
de aquello que nunca pudo quedarse.
A veces aparece una A
en mis pensamientos más silenciosos,
abriendo heridas pequeñas
que todavía llevan tu risa.
Luego llega la L,
larga como las noches
en las que imaginé un futuro
que jamás iba a pertenecerme.
Y en medio de todo queda la A otra vez,
porque quererte fue un círculo;
volver a ti en cada canción,
en cada mirada,
en cada esperanza tonta que inventaba mi pecho.
Después aparece la N,
seca, final, inevitable.
Como un adiós dicho con ternura.
Como tus palabras suaves
rompiéndome despacio.
Y aun así…
si pudiera elegir entre retenerte
o verte feliz lejos de mí,
te dejaría ir mil veces.
Porque el amor más triste
no es el que termina,
sino el que entiende
que no puede obligar a nadie a quedarse.
Te quise de la forma más honesta que pude.
Sin juegos.
Sin mentiras.
Con el miedo temblándome en las manos
y el corazón hecho un desastre.
Y aunque me duela aceptar
que nunca serás mío,
prefiero cargar yo con esta tristeza
antes que convertir mi cariño
en una jaula para ti.
Así que ve,
ríe, enamórate, vive bonito.
Yo aprenderé lentamente
a convertir tu recuerdo
en algo que ya no lastime tanto.
Porque hay personas
que uno no deja de querer…
solo aprende a quererlas desde lejos.
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Autor:
chauchesco (
Offline) - Publicado: 3 de junio de 2026 a las 01:19
- Comentario del autor sobre el poema: Este poema es para mí gran amor platónico. Lo digo aquí porque nunca me atreveré a decírselo en persona.
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: chauchesco, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, Sergio Alejandro Cortéz

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