ANTES DE MORIR

A BUERASKY

Esa noche olía a lluvia y a pólvora.

La estación 18 estaba casi vacía a esa hora.

Fue entonces cuando la vio.

Tenía el cabello oscuro pegado a los cachetes.

Los ojos, cuando los levantó, eran de un color que la luz no terminaba de definir.

—No tomes el tren de las 11:14.

La voz fue suave. Casi un susurro.

Pero atravesó el ruido de la lluvia como si el aire le abriera paso.

 

 

 

 

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