Mujer

Fernando Miguel Penabaz Castillo

Mujer y libertad. 

Libre como aire que respira,
va por la vida 
no es un objeto
ni trofeo 
obtenido en vil empeño,
es una mujer
sin dueño
ya se desprendió del ayer
de las machistas  cadenas,
de pareceres y condenas,
camina por la vida 
de su propio diseño.

Ya nadie someterla puede,
ha sabido apropiarse 
la libertad a la que se debe
en heroico intento, 
su empeño no cede,
no es anexo de ningún documento 
a nadie se obliga atarse.

Bella como ninguna,
su cuerpo muestra 
en toda su holgura,
no prefiere color,
ni falsa hermosura
un vestido al viento 
sin miedo ni amargura,
su pasión, su intento,
y quien soy para cortar su vuelo,
para cercenar su sueño,
o para acotar su cordura,
que fue tallada en el tiempo 
hecha a su medida y hondura.

Las mentiras no caben
en su sobrio empeño, 
no tiene que esconder 
su verdad,
detrás de tubos
ni de eroticos bailes
en inmundos bares,
mucho menos de sus ropas
y de sus sueños despojarse
en rojizas habitaciones 
de indeseado sexo sin emociones
por unos dólares de más,
con engaños de menos,
ni con vacías atracciones. 

Ya no espera más
ningún príncipe azul,
no aguarda por un imposible,
detrás de una ventana,
ni al amor inmaduro
en un banco
de pino verde,
al lado de la estación.
No quiere ser mas Penélope,
ni la bella 
que cien años duerme
Ahora solo quiere
a su lado alguien 
que vea caer la lluvia 
como mismo y
la ve ella.
Que no le traiga la luna,
sino que la ayude 
a llegar hasta  ella.

Las historias de amor
que siempre escucho,
que tantas veces creyó,
que repetían todos
como papagayos 
inconscientes,
yacen ahora
en leyendas del pasado,
en tiempos de oscuras almas,
sumisas e indigentes. 

A veces una demente 
parece
del amor se mofa,
indiferente,
pero no te equivoques 
sus atributos,
son permanentes.
Cuando quiere,
su mirada te envuelve 
su cuerpo embellece,
perfumándolo con 
esencias de rosa,
en ardiente mezcla
con  su aroma.
Entonces su presencia asoma,
hechiza todo el ambiente,
su belleza te embriaga,
su pelo es como un corcel,
que sobre sus hombros,
libre cabalga,
y ya no tienes
otra opción,
mas que amarla,
en toda su extensión. 

Que no tiene corazón,
dicen algunos frustrados,
pero ella no escucha 
argumentos estériles 
sigue por la vida
sin temor andando.
que envidien su cintura,
sus caderas,
sus rojos labios,
pero más su ternura ,
su inteligencia,
su dulzura. 

Que no tiene marido,
y si muchos amantes,
cuchichean envidiosos,
pero ella querer se deja,
sin nada eterno  prometer,
sin su libertad 
jamás,
comprometer.
La vida está compuesta 
por instantes
a su sabio
entender.

Murmurando a sus espaldas
van señoras pomposas
de maridos insatisfechos 
alardeando una
vida en rosa
que no saben
que solo sueñan.
Pero un miedo interno y eterno
las invade, las carcome,
cosquillea,
y les va oscureciendo  el alma,
más cuando
 han visto a novios  y maridos
mirar de reojo su vestido,
perderse tras de su espalda,
arrodillarse ante su mirada.

Pero ella sigue por su vida,
libre en cuerpo y mente
y sus manos y su corazón 
solo brindan amor,
como ella lo entiende.

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