Bajaba una laderita para terminar el ejercicio/ La hierba de por encima verde, de un verde oscuro, recién regado, lozano/ Me gusta, después de la carrera continua y la musculación, leve, tenderme, sentir en la espalda ese frescor limpio, virginal, y hacer alguna que otra abdominal, glúteo, flexión en decúbito prono.../El caso es que brillaba/ Bajaba la laderita y veo este vaso —digo este porque lo tengo a mi izquierda, de café—, brillante, limpio, como si un alma ignota me lo pusiera ahí, justo ahí, para que me lo encontrara y le diera mejor vida/ y me dije a mí mismo que lo cogería al levantarme —tengo otros de plástico, como este, algo más grandes y me gusta para el café, son prácticos—/ Lo cogí y me lo llevé a casa/ Lo lavé como quien resetea su pc a modo de punto y aparte y lo pensé para el café de hoy —el que casi, sin casí, ya he terminado—/ Yo que soy muy providencialista tiendo a pensar en eventos de este tipo que una energía ignota, todopoderosa, brujulativa, me pone en mi camino cual regalos estos detallitos sin importancia/ Quizá es porque me los merezco...
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Autor:
Albertín (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de junio de 2026 a las 07:30
- Comentario del autor sobre el poema: Pequeñas pinceladas en las que hay que detenerse para que el cuadro cobre sentido.
- Categoría: Religioso
- Lecturas: 5
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Mauro Enrique Lopez Z., Daniel Omar Cignacco, Antonio Pais

Offline)
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