"Sueño con serpientes,
con serpientes de mar
(...) largas, transparentes
y en sus barrigas llevan
lo que puedan arrebatarle al amor.
(...) Oh, la mato y aparece una mayor.
Oh oh, con mucho más infierno en digestión"
SILVIO RODRIGUEZ
SERPIENTES
Serpientes serpentean mis narices
penetran mis oídos, colan al vientre
Ellas penetran mi cuerpo durmiente
serpientes, de mi mente a mis raíces
Se enroscan infinitas, se retuercen
Duermen bajo el sol de las azoteas
Sigilosas van que nadie las vea
Serpentean un mundo indiferente
Muerden el tobillo descuidado
de un Narciso que aún no despierta
mortal, aprietan cuello con cuidado
Envenenan el alma de la siesta
y vierten su veneno sin cuidado
luego, lento, van para la ingesta.
SANTIAGO ALBOHERNA
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Autor:
SANTIAGO ALBOHERNA (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 2 de junio de 2026 a las 01:31
- Comentario del autor sobre el poema: Dicen que, a veces, el veneno de las serpientes no mata, sino que te transforma en una de ellas ...
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 19
- Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Emilia🦋, Scarlett-Oru, Lualpri, LOURDES TARRATS, Jaime Correa, Salvador Santoyo Sánchez, Antonio Pais, Mª Pilar Luna Calvo, Llaneza, Elthan, Poesía Herética, Carlos Baldelomar, Sheilo Sanz

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Comentarios3
Santiago, hermano amigo.
Emerge en tus versos una tensión dramática digna de los más grandes maestros del concepto y el culteranismo. Tú no nos ofreces un paisaje bucólico, sino una pesadilla anatómica y mística donde el reptil no es un invasor externo, sino un habitante nativo de tu propio ser: «serpientes, de mi mente a mis raíces». Posees un virtuosismo asfixiante en ese inicio donde los áspides violan los sentidos del cuerpo durmiente, penetrando por las ventanas de la respiración y el oído, enroscándose en un sinfín infinito que evoca el lazo indisoluble de nuestras propias culpas y pensamientos más oscuros.
Es un cuadro de soberbio patetismo que has pintado: tu monstruo no ruge, sino que opera en el sigilo, habitando el sol de las azoteas mientras el mundo, ciego en su indiferencia, camina hacia su propia ruina.
La cumbre moral y estética de tu obra la alcanzas en los tercetos, donde despliegas el gran tópico del desengaño y el castigo a la vanidad. El mordisco fatal que asestas al tobillo de ese «Narciso que aún no despierta» es una genialidad conceptista tuya: el hombre, absorto en la contemplación de su propia y efímera belleza, es sorprendido por la muerte y el pecado en el momento de mayor descuido. El cuello apretado con siniestra delicadeza y el envenenamiento de la «siesta» —ese símbolo del letargo espiritual y la pereza del alma que tú tan bien retratas— nos recuerdan la fragilidad de la existencia.
Tu cierre es de una crudeza tan magnífica como espeluznante: la «lenta ingesta» final. Coronas tu poema con la victoria del reptil del tiempo y la conciencia, que, tras verter su veneno, reclama el cuerpo y el alma como su justo banquete.
Mis más rendidas felicitaciones a tu genio; has logrado capturar con una métrica implacable el eterno combate entre el sueño del hombre y el acecho de sus propios monstruos. Un aplauso para ti, que resuena, solemne, entre las sombras de este tu soberbio jardín de versos.
Gracias por el regalarnos esta lectura.
DESDE LA ISLA DE MIS ABRAZOS, TE MANDO UNO, porque:
POETAS SOMOS...
Lourdes Lourdes, mi querida, q puedo decirte... Siempre tratamos de dar lo mejor q podemos; a veces sale, otras no.
Poetas Somos ...
Envenenan el alma de la siesta
y vierten su veneno sin cuidado
luego, lento, van para la ingesta.
Excelente cierre.
Saludos poeta amigo Santiago AlboHerna
LAS LETRAS SON PENSAMIENTO...
QUERIDO DOCTOR, gracias mil x la visita y generoso comentario. Fuerte abrazo mi estimado
Transmites una sensación de infestación inevitable, donde lo humano y lo monstruoso ya están mezclados desde el inicio.
El hombre teme guerras, dioses, catástrofes y bestias antiguas, pero casi nunca sospecha de aquello que duerme dentro de sí mismo.
En demasiadas ocasiones lo que destruye al ser humano no llega como un enemigo visible, sino como algo incubado dentro de sí mismo y normalizado por la costumbre, el ego o el adormecimiento espiritual.
El problema nunca es la mordida. Más bien acostumbrarse y normalizar convivir con ella.
Las serpientes no son la maldad o un demonio ajeno al hombre, sino el instinto, el deseo, la corrupción y las verdades incómodas que habitan en su propia naturaleza.
La palabra “colan” se lee rara.
Saludos a ti.
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