En el tiempo de los recuerdos regreso a la orilla.
El viento llega primero, atravesando la arena
con su respiración de agua y sal,
como si reconociera un lugar que nunca abandonó del todo.
Las ráfagas, todavía sonámbulas,
pasan lentamente por el patio abierto hacia el mar,
y algo despierta en mí al escuchar su paso.
Entonces veo un pájaro detenido sobre la luz.
Por un instante parece sostener el horizonte,
como si el cielo hubiese descendido
para descansar sobre la superficie del agua.
Miro la marea crecer.
El viento de la pleamar avanza hasta tu mejilla,
la toca suavemente,
y en ese gesto comprendo que el amor
no llega de manera repentina:
se acerca como la luz,
ocupando poco a poco el espacio de las cosas.
Las nubes atraviesan el cielo lentamente;
las algas se enredan cerca de la orilla,
y la tarde permanece abierta
como una estación que todavía espera algo.
Camino hacia la arena.
Llego a las jornadas de los cangrejos,
a los clamores pequeños que nacen junto al mar.
Escucho entonces el sonido de tus pasos,
preciso y claro,
como una aguja invisible de sol
brotando desde la sonrisa.
Levanto la mirada y todo parece acercarse:
el aire, el bosque, los pájaros,
la voz que llega desde otra noche.
Y entiendo algo que antes no sabía:
que amo la palabra azul,
los silencios dispersos de la noche,
las tranquilas sábanas de la alegría,
la primera brisa de tu boca.
Sobre el agua del mar
los pájaros continúan su vuelo,
y junto a tu presencia
la paciencia deja de ser espera.
Entonces las mariposas luminosas de la libertad
vuelven lentamente a abrir sus alas,
como si el mundo, al fin,
hubiera encontrado una forma de permanecer entre nosotros.
Habitar lo velado
Es una dulzura que llega lentamente,
no como aquello que irrumpe,
sino como algo que encuentra su lugar
y permanece.
La siento primero en la tibieza de tu vientre,
como una respiración discreta
abriendo el aire entre nosotros,
como una huella que aparece
en los umbrales íntimos de la memoria.
Allí los recuerdos no regresan de golpe.
Vuelven con la paciencia de las cosas pequeñas:
tocan la mirada,
rozan el hilo tenue del sueño,
y dejan sobre el tiempo
una claridad que no busca imponerse.
Permanezco entonces cerca de ti,
escuchando el silencio que compartimos,
como quien se detiene frente a una puerta
sin saber todavía qué habrá de revelarse.
Y descubro el secreto del azul de tus labios.
No un secreto oculto por la distancia,
sino una profundidad que se guarda
porque algunas cosas existen solamente
mientras permanecen veladas.
La mañana avanza lentamente.
La luz entra por la habitación,
se posa sobre los objetos,
sobre tus manos,
sobre la respiración tranquila de los cuerpos.
Pero también llegan otros lugares.
Los rincones donde alguna vez habitó la desolación,
las habitaciones cerradas del quebranto,
los silencios donde las manos aprendieron
el peso de no alcanzar aquello que buscaban.
Escucho entonces un sonido leve:
una hoja de nopal moviéndose en el aire,
como si incluso la tristeza
conservara una respiración secreta.
Y comprendo algo.
Que la herida no desaparece;
encuentra una forma distinta de habitar el tiempo.
Es aquí donde converso con el oleaje del amor.
No frente al mar,
sino dentro de esta cercanía que compartimos,
donde cada palabra intenta aproximarse
a aquello que nunca termina de decirse.
Miro hacia arriba.
Las constelaciones parecen trazos antiguos
sobre la oscuridad,
y los caracoles levantan lentamente su luz
hasta las cuerdas tibias de los ojos.
Entonces el mundo vuelve a abrirse,
no por una revelación repentina,
sino porque algo permanece oculto,
respirando dentro de las cosas,
esperando ser habitado por el lenguaje.
Y nosotros permanecemos allí,
escuchando.
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Autor:
José Honorio Martínez Ochoa (
Offline) - Publicado: 2 de junio de 2026 a las 00:07
- Comentario del autor sobre el poema: Ambos poemas comparten un mismo horizonte poético: la búsqueda de una forma de permanencia en medio del tiempo, la memoria y la fragilidad de la experiencia. Sin embargo, cada uno lo hace desde una tonalidad distinta.
- Categoría: Amor
- Lecturas: 9
- Usuarios favoritos de este poema: Enrique Fl. Chaidez, Antonio_cuello, alicia perez hernandez, Antonio Pais
- En colecciones: Poemas de amor.

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