Invierno. La temperatura rasgaba los tres grados. La hora de costumbre, las cuatro de la tarde, Kyra, perra de once meses, comenzó con sus idas y venidas desde el salón a la cocina, su reloj biológico entró en funcionamiento: la hora de salir a pasear.
Sus padres postizos, no dudaron y con sus respectivos abrigos enfilaron hacia la puerta de salida; ella salió con lo puesto, cabe aclarar que es de raza Alaskan Malhamud, oriunda de aquellos lugares, como su nombre lo indica, y por supuesto sus gruesas capas de pelaje la protegen del tiempo reinante.
A los pocos minutos ya andaba correteando subiendo y bajando libremente sobre la colina cercana a la casa. La pareja caminaba despacio, charlando y gozando del panorama invernal.
Llegada la hora decidieron volver y finalizar el paseo diario. Las miradas de ambos buscaron sin conseguir ubicar al travieso cuadrúpedo. EL color grisáceo con manojos negros de la perra, confundían la visión entre las rocas y arbustos, a esta hora de la calda del sol.
El silbido del patrón, el de siempre, el acostumbrado, no hizo efecto. Kyra no apareció. Unos metros más adelante, otros tantos, no dieron resultado alguno. Ni vestigios del animal. Los nervios jugaron un significado papel en la insistente búsqueda. Pasada más de una hora desde el comienzo, la preocupación ocupó el lugar y dominó la escena.
¿Cómo era posible que desaparezca de tal manera? ¿Quizás algo imprevisto haya ocurrido? ¿Era posible que se alejó demasiado, en su carrera, y alguien la raptó y....?
Volvieron sobre sus pasos, con la ilusión de que la perra haya vuelto a la casa al perder de vista a sus °papis°.
Los pensamientos optimistas no concordaron con la realidad.
La noche era cerrada. El frío comenzaba su función nocturna. El portón de entrada, al comienzo del camino que llevaba a la casa, se dejó abierto, con la esperanza que al volver no tenga el animal obstáculo para llegar a la misma.
Pasó una hora, pareció un siglo. Nuevamente, los preocupados dueños de Kyra, salieron para continuar la búsqueda y regresaron con las manos vacías. La hora avanzaba, cada uno de los afligidos ya esta altura casi desesperados ''padres'' desarrollaban en sus mentes los más estrafalarios guiones, típicos de películas, de lo posible acontecido.
La noche duró mucho más de lo acostumbrado.
Temprano, el sol apenas mostró su cara aun sin lavar, la dueña de casa, emprendió una larga caminata visitando los campos adyacentes al barrio; allí existían parcelas de cultivo diversas. Preguntas a los agricultores, quizás habrían visto al animal rondando por aquellos lugares. Nada, la tierra se la tragó, se dijo para sus adentros la desesperada mujer.
Al regresar y luego de charlar con su marido decidieron, esta vez en coche, llegar hasta el vecino pueblo. La idea, obligatoria en aquellos momentos, se había concretado en la posibilidad de que la encuentren en algún patio de tal cual vecino. A paso de hombre, como paseando y mirando las fachadas de las casas, recorrieron sin ninguna clase de señal con respecto a la extraviada.
Quiso la casualidad que al pasar por la puerta de un supermercado ubicado a la vera del camino, decidieron bajar para realizar unas compras. En la entrada, sobre una de las vidrieras del comercio, la carita de Kyra los recibió.
Una nota pegada sobre el vidrio decía:
°Perro encontrado°
debajo la foto de Kyra y un número de teléfono.
Detalle de lo acontecido:
Una pareja de vecinos, cuya casa está situada en la calle paralela a la de los dueños de Kyra, la tarde anterior, una hora aproximadamente después de la "desaparición", realizaron un paseo por las cercanías y se toparon con un perro completamente embarrado, calcularon que había caído en un pozo negro, a juzgar por el hedor que exhalaba. Buena gente, con un corazón amplio y digno de admirar, con mucha cautela lo llevaron hasta su casa. Lo lavaron, le dieron comida y le permitieron hacer noche en el jardín de su residencia.
Para ayudar a la familia dueña del perro, tomaron una foto del asustado can, la imprimieron y colocaron el aviso en varios lugares de la ciudad.
El encuentro fue digno de filmar. Las palabras de agradecimiento, los abrazos que dijeron unas gracias inmensas, coronaron la hermosa y gratificante demostración de solidaridad.
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Nota del autor:
Este relato es verídico.
Su publicación es como un regalo a mi querida y apreciada Kyra, compañera durante diez años, en nuestras caminatas matinales por los alrededores de casa, en la Galilea, y que un día, hace dos meses, salió, esta vez sola, en su última caminata.
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Autor:
Brom Beto (
Offline) - Publicado: 31 de mayo de 2026 a las 13:52
- Categoría: Cuento
- Lecturas: 16
- Usuarios favoritos de este poema: WandaAngel, Violeta, Antonio Pais, Henry Alejandro Morales, JUSTO ALDÚ, Noa Subin, Mª Pilar Luna Calvo, Sergio Alejandro Cortéz, Mauro Enrique Lopez Z.

Offline)
Comentarios5
OOH que relato tan avasallante , todo un osado y cautivante desde el principio esperando el desenlace que fue positivo , quedo yo fascinada , encantada y admirada por tu buen relato Brom . gracias
Un tributo demasiado hermoso! Mi apreciado poeta; gracias por compartir tan linda historia sobre Kyra envueltos en letras de un recuerdo que me mantuvo en suspendo durante toda su lectura, hasta llegar a un final que me alegro mucho, aunque despuès me dejo algo de tristeza en la ultima caminata de Kyra. Un gran abrazo!
Desde la gratitud y el verso!
Henry Alejandro Morales
Este relato me recuerda lo que viví con ATILA, claro que proporciones guardadas, hay sencillez y humanidad con la que narras la angustia de perder a un ser querido, aunque ese ser tenga cuatro patas y el alma cubierta de nieve. La historia de Kyra avanza desde la calma cotidiana de un paseo invernal hacia la incertidumbre y el temor, logrando transmitir con naturalidad la desesperación creciente de quienes sienten a un animal como parte de la familia. Y eso creeme lo sé porque lo he vivido en carne propia.
Saludos
Que tu narración sea la voz que despierta conciencias dormidas. Saludos afectuosos y poéticos para ti.
Me encanto tu relato, tu mascota peluda te da su amistad y compañía. Se puede confiar mas en las fieles mascotas que en las persona.Si se fue, no busque remplazarla por un tiempo, has el duelo. Creo en un dios que se ocupa y podrás encontrar otra que te de su calor y su aroma. Un abrazo de luz, AGradable compañero de letras
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