LO ENCONTRÉ
Oh-oh-oh... Cristo vive...
Oh-oh-oh... Aleluya...
¡Oye!
Yo vengo a contar una historia...
La historia de un hombre perdido...
Que una noche encontró al Señor...
¡Escucha!
Dicen que andaba perdido
con la noche pegada a la piel,
arrastrando los pasos del mundo
sin saber hacia dónde correr.
Muchas puertas cerré con orgullo,
muchas otras las vi derrumbar,
y aunque el barrio gritaba mi nombre,
por dentro no podía escuchar.
Pero una noche lloré de rodillas,
sin excusas, sin nada que dar,
y en el fondo más hondo del alma
una luz comenzó a despertar.
Y encontré a Dios
cuando pensaba que todo moría,
cuando el peso del mundo
me robaba la alegría.
Y encontré a Dios
entre cenizas y puertas cerradas,
y su amor hizo nuevas
todas mis madrugadas.
Ahora canto,
porque el dolor no venció.
Ahora vivo,
porque Cristo me levantó.
Caminé por caminos de sombra,
con el miedo sentado a mis pies,
persiguiendo espejismos de arena
que desaparecían después.
Hoy mis manos conservan cicatrices,
pero ya no gobiernan mi andar,
porque Cristo tomó mis heridas
y les enseñó a sanar.
Cuando el mundo decía: "Ya es tarde",
Él me vino de nuevo a buscar,
y la voz que escuché en el silencio
fue la misma que me hizo cambiar.
Y encontré a Dios
cuando pensaba que todo moría,
cuando el peso del mundo
me robaba la alegría.
Y encontré a Dios
entre cenizas y puertas cerradas,
y su amor hizo nuevas
todas mis madrugadas.
Ahora canto,
porque el dolor no venció.
Ahora vivo,
porque Cristo me levantó.
No fue suerte,
no fue casualidad,
fue su mano guiándome
de la oscuridad.
No fue fuerza,
ni mi capacidad,
fue su gracia infinita,
fue su voluntad.
Lo encontré, lo encontré,
Cristo vive en mi ser.
Lo encontré, lo encontré,
nunca vuelvo a caer.
Anduve por tantos caminos,
buscando una razón para vivir.
Lo encontré, lo encontré,
Cristo vive en mi ser.
Y cuando ya todo era oscuro,
su luz vino brillando sobre mí.
Lo encontré, lo encontré,
nunca vuelvo a caer.
No fue el oro ni la fama,
ni promesas que se lleva el viento.
Lo encontré, lo encontré,
Cristo vive en mi ser.
Fue su gracia levantando
los pedazos de mi sufrimiento.
Lo encontré, lo encontré,
nunca vuelvo a caer.
¡Oye, escucha lo que digo!
Cristo vive, Cristo es Rey.
¡El que estaba derrotado!
Hoy levanta su canción.
¡El que caminaba solo!
Hoy camina con su Dios.
¡Y si preguntan qué ha pasado!
Fue Cristo quien me encontró.
¡Hay fiesta en mi alma!
Porque Cristo llegó.
¡Se rompieron las cadenas!
Porque Cristo llegó.
¡Hoy mi vida tiene rumbo!
Porque Cristo llegó.
Lo encontré, lo encontré,
Cristo vive en mi ser.
Lo encontré, lo encontré,
para siempre cantaré.
Lo encontré, lo encontré,
mi pasado ya se fue.
Lo encontré, lo encontré,
y jamás me soltaré.
Se acabó la noche larga,
se terminó mi dolor.
Hoy camino de su mano,
hoy camino en su amor.
Lo encontré...
Lo encontré...
Y para siempre cantaré.
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Autor:
Wii (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 30 de mayo de 2026 a las 00:01
- Categoría: Religioso
- Lecturas: 13
- Usuarios favoritos de este poema: Carlos Baldelomar, alicia perez hernandez, Mª Pilar Luna Calvo, Antonio Pais

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