EL MIEDO: LA SOMBRA MÁS ANTIGUA DEL SER HUMANO (ensayo breve)

JUSTO ALDÚ


AVISO DE AUSENCIA DE JUSTO ALDÚ
Estaremos en ausencias intermitentes.

El miedo es uno de los primeros dioses que conoció el ser humano. Antes de levantar templos, antes de domesticar el fuego o de nombrar las estrellas, ya el hombre temblaba. Temblaba ante el rugido de la noche, ante la sombra que se movía detrás de los árboles, ante el trueno que parecía partir el cielo como una sentencia divina. El miedo nació con la conciencia misma: en el instante en que el ser humano comprendió que podía morir, comenzó también su interminable diálogo con el horror.

Desde la prehistoria, el miedo tuvo una función esencial: preservar la vida. Conviene recordar una verdad antigua: el hombre teme aquello que desconoce o no logra comprender. El cuerpo aprendió a huir, a esconderse, a sospechar. El cerebro humano desarrolló mecanismos de alerta porque sobrevivían aquellos capaces de anticipar el peligro. No obstante, con el paso de los siglos, el miedo dejó de ser únicamente una reacción biológica para convertirse también en una construcción cultural, religiosa, política y literaria. Las cavernas cambiaron por ciudades, pero el monstruo continuó habitando dentro de nosotros.

La literatura de misterio y terror existe precisamente porque el miedo jamás desapareció; solo cambió de máscara. Los antiguos temían a las bestias y a los espíritus del bosque; hoy se teme al vacío, a la locura, al crimen, a la soledad, a la pérdida de identidad. El terror moderno no siempre necesita fantasmas: basta la incertidumbre. Por eso, cuando un escritor aborda el miedo, tiene la responsabilidad de comprender sus raíces psicológicas, históricas y simbólicas. De lo contrario, el relato termina reducido a simples sobresaltos, clichés o lugares comunes que no estremecen verdaderamente al lector.

Resulta sorprendente, entonces, escuchar a ciertos autores desestimar la investigación previa sobre aquello que escriben, especialmente cuando se trata de obras que pretenden explorar el misterio o el horror. No se trata de escribir tratados académicos, sino de entender la materia oscura que se manipula. El miedo no es un adorno narrativo ni un truco de feria; es una de las emociones más antiguas y profundas de la humanidad. Ignorar su complejidad es condenar la obra al simplismo.

Y esto cobra particular relevancia cuando se promocionan historias basadas en “hechos reales”, como ocurre con el libro La Casa de Bethania, firmado bajo el seudónimo de Myers Billman. El problema no radica en mezclar realidad y ficción —la literatura siempre lo ha hecho—, sino en trivializar el fenómeno humano del miedo mediante explicaciones superficiales o afirmaciones que rehúyen la reflexión seria. El lector merece algo más que sombras moviéndose en un pasillo; merece comprender por qué esas sombras existen desde hace milenios dentro de nuestra imaginación colectiva.

El verdadero terror no habita únicamente en una casa embrujada. Habita en la conciencia humana. En esa antigua memoria heredada de nuestros antepasados que, sentados alrededor del fuego, descubrieron que la oscuridad no terminaba en el bosque, sino dentro del alma.

JUSTO ALDÚ © Derechos reservados 2026

  • Autor: JUSTO ALDÚ (Seudónimo) (Offline Offline)
  • Publicado: 29 de mayo de 2026 a las 03:53
  • Comentario del autor sobre el poema: Debo aclarar que este ensayo surge, en parte, tras escuchar una entrevista concedida por la autora panameña del libro La Casa de Bethania, publicado bajo el seudónimo de Myers Billman. Más allá de las libertades propias de la ficción, me dejó profundamente impactado el evidente desconocimiento mostrado sobre el tema central que pretende abordar: el miedo y sus dimensiones psicológicas, históricas y humanas. No cuestiono el derecho de ningún escritor a imaginar, reinterpretar o fabular; la literatura vive precisamente de esa libertad. Sin embargo, considero preocupante cuando una obra de misterio y terror, especialmente una presentada como basada en hechos reales, se sostiene más sobre impresiones superficiales que sobre una comprensión auténtica de aquello que intenta representar. El miedo no es un recurso ornamental ni una simple sucesión de sombras y sobresaltos. Es una de las emociones fundacionales de la humanidad, una fuerza ancestral ligada a la supervivencia, la religión, la cultura y la imaginación colectiva. También resulta inquietante escuchar afirmar que el género de misterio y terror es un género “olvidado”, cuando la realidad literaria demuestra exactamente lo contrario. Basta observar la permanencia de autores clásicos y contemporáneos, el auge constante del horror psicológico, sobrenatural y existencial en la literatura, el cine y las plataformas audiovisuales, así como la fidelidad de millones de lectores alrededor del mundo hacia este tipo de narrativa. El terror jamás ha desaparecido; simplemente ha evolucionado con las épocas y con los nuevos miedos de la sociedad moderna. Mi intención no es desacreditar a la autora, sino defender la seriedad con la que ciertos temas deben ser tratados dentro de la literatura. Porque escribir también implica responsabilidad intelectual. Y cuando el escritor renuncia a investigar, la obra corre el riesgo de convertirse en eco de lugares comunes, confundiendo más de lo que revela.
  • Categoría: Sin clasificar
  • Lecturas: 13
  • Usuarios favoritos de este poema: Tommy Duque, Mauro Enrique Lopez Z., Antonio Pais, Juan Iscar, Poesía Herética, Mª Pilar Luna Calvo, Annabeth Aparicio, Osler Detourniel
  • En colecciones: ENSAYOS.
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Comentarios2

  • JUSTO ALDÚ

    El miedo es considerado una de las emociones más antiguas y primordiales del ser humano —e incluso de muchos animales— porque está ligado directamente a la supervivencia. Antes de que existieran las palabras, las ciudades o los dioses, ya existía ese estremecimiento interior que advertía del peligro: el rugido en la oscuridad, el filo del abismo, la sombra que se movía entre los árboles.

    El psicólogo Paul Ekman lo incluyó entre las emociones básicas universales, junto con la alegría, la tristeza, la ira, la sorpresa y el asco, porque puede reconocerse en prácticamente todas las culturas humanas.

  • JUSTO ALDÚ

    Miren, uno tiene que creer y meterse en lo que escribe. Por eso criticaban a García Márquez y lo acusaban de "enajenar la realidad" porque él afirmaba que el escribía desde la óptica de la "cosmovisión" del latinoamericano. Desde su realidad, esa realidad incluyen los sueños, mitos, premoniciones...Algo muy válido.
    Entonces, cómo tu vas a menospreciar y restarle credibilidad al "miedo" diciendo que es algo inventado????



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