He descubierto el mundo en la flor del naranjo, en el ruido eterno del río, en el canto infinito del pájaro; no hay peor tragedia que ignorar al árbol, ni destino tan cruel que ciegue la vista al ocaso. La vida es aquello que camina con la casa a cuestas, o la lengua que se precipita sobre la flor, o la gaviota que se yergue imponente. Me gustan más las veredas que las carreteras, el verde de los llanos, las noches lejos del mundo donde la vida recae solo en la contemplación del cielo. He descifrado el mundo, no había ecuación ni moneda de cambio. Es un alma de niño, un perro manso que se tira a los pies de su semejante, y digo semejante porque las almas superiores no mantienen un pensamiento de superioridad. Siento arder en mi pecho una libertad infinita, es el hambre por el día, por la luz, porque sé que todo me habita y me forja, que mi espíritu se transmuta con el mundo, y que acabada la jornada soy un lienzo de Tamayo, un hombre cuyo fin es el amor al mundo y nada más.
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Autor:
Mil vaggio (
Offline) - Publicado: 28 de mayo de 2026 a las 17:47
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Antonio Pais, Carlos Baldelomar, alicia perez hernandez, Mauro Enrique Lopez Z., ElidethAbreu, Nelly Cevallos - Liora, racsonando

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