El rayo rompió la taza del café,
la de los bordes amarillos,
y el estallido desordenó los rincones,
sí, pero la ausencia no es un aire vacío,
no flotan tus pasos,
tu no-estar se sienta a la mesa,
pesa como el hierro,
se nota en tu cepillo de dientes todavía húmedo,
en el saco gris que olvidaste detrás de la puerta
y que aún guarda la forma de tus hombros.
La esperanza no es un pájaro de humo,
es el roce de tus llaves que dejaste sobre el mueble,
un metal tibio que insiste en la madera,
tu bufanda doblada es una trinchera contra el frío,
ahí se materializa el amor, se toca, tiene peso.
Entonces aprendo a morder este dolor con cosas cotidianas,
otra manera de usar la memoria,
de sufrir con los ojos abiertos,
otra manera de vivir lo que hasta ayer era reír,
con el plato vacío frente al mío,
pero con tu cuchara lista,
esperando el milagro de tu mano,
este amor no se deshace en la niebla,
se aferra a las sábanas desordenadas,
y nos inventa un modo físico de seguir naciendo.
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Autor:
Jose Barrientos (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de mayo de 2026 a las 12:06
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 7
- Usuarios favoritos de este poema: Daniel Omar Cignacco, racsonando, Sergio Alejandro Cortéz, Lualpri, Antonio Pais

Offline)
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