En la frente suave del espejo
una gota de azogue tiembla sin ruido.
Nadie la ve caer.
Alguien la bebe del otro lado.
El rostro de la mañana se destiñe.
Ya no coinciden las manos con el tacto.
Hay un bosque de relojes mudos
creciendo en el pasillo;
el tiempo es polvo de vidrio en los rincones.
La cordura era el barniz.
Ahora el invierno entra por los ojos.
Cada aleteo borra un nombre.
Qué limpia la ausencia.
La casa sin muebles.
Antonio Portillo Spinola ©️
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Autor:
Spinoport (Seudónimo) (
Offline) - Publicado: 28 de mayo de 2026 a las 05:48
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 14
- Usuarios favoritos de este poema: Sheilo Sanz, El desalmado, Mauro Enrique Lopez Z., Salvador Santoyo Sánchez, Antonio Pais, racsonando, Antonio_cuello, Daniel Omar Cignacco

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