El Olvido que Seremos
Ya somos la sombra de un nombre
pronunciado apenas por el viento,
una fotografía desteñida
en el cajón húmedo del tiempo.
Somos el eco de unos pasos
que la lluvia borrará despacio
sobre la tierra fatigada
donde hoy juramos permanecer eternos.
Dentro de cien años
otro abrirá nuestras ventanas,
otro dormirá en nuestras habitaciones,
otro escuchará la lluvia
golpear el mismo techo
que hoy creemos nuestro.
Ni siquiera imaginará
que una vez reímos allí,
que abrazamos a alguien en la cocina,
que lloramos en silencio
sentados al borde de una cama.
Nuestros relojes seguirán girando
en muñecas desconocidas.
Nuestros libros cambiarán de manos.
Las cartas que escribimos
serán polvo.
Y los árboles que sembramos
tal vez den sombra
a quienes jamás escucharán nuestro nombre.
Los hijos de nuestros hijos
recordarán apenas una anécdota,
una frase repetida en reuniones,
una manera de sonreír,
una cicatriz en la memoria familiar.
Después llegará el gran silencio,
esa marea lenta
que borra hasta las huellas del amor.
Y, sin embargo,
pasamos la vida corriendo.
Corriendo detrás de monedas
que no cruzarán con nosotros la muerte.
Persiguiendo prestigios
que duran menos que una flor abierta.
Acumulando objetos
como si el alma pudiera refugiarse
dentro de una casa más grande.
Cuántas noches se pierden
trabajando por cosas
que terminarán perteneciendo a extraños.
Cuántos abrazos dejamos para mañana.
Cuántos “te amo”
se quedan atrapados en la garganta
por orgullo o cansancio.
Vivimos como si el tiempo
fuera un río interminable,
pero el tiempo no perdona.
Nos mira en silencio
mientras envejecen nuestras manos,
mientras las madres encanecen,
mientras los amigos desaparecen
uno por uno
como luces apagándose en la distancia.
Un día llega la noticia inesperada,
la llamada en la madrugada,
la silla vacía,
la ropa doblada que nadie volverá a usar.
Entonces comprendemos
que la vida nunca fue la prisa,
ni el lujo,
ni las vitrinas llenas,
ni el aplauso de los desconocidos.
La vida era esto:
Compartir el pan cuando faltaba.
Escuchar con paciencia el dolor ajeno.
Tender la mano sin preguntar demasiado.
Perdonar antes de que la noche caiga.
Mirar el cielo un instante
sin pensar en deudas ni relojes.
Abrazar a los padres
mientras todavía respiran.
Jugar con los hijos
antes de que crezcan y se marchen.
Porque al final
nadie recuerda cuánto dinero guardaste.
Nadie levanta monumentos eternos
a quien solo supo acumular.
Pero un acto de bondad
puede quedarse viviendo
en el corazón de alguien
mucho después de nuestra muerte.
Tal vez esa sea la única eternidad posible:
haber sido refugio.
Haber dado luz
cuando otro atravesaba la tormenta.
Haber sembrado paz
en medio de tanta furia humana.
No somos dueños de nada:
ni de la tierra,
ni de los cuerpos,
ni siquiera de los días.
Todo nos fue prestado
como se presta una lámpara
para cruzar la oscuridad.
Y mientras avanzamos
hacia el inevitable olvido,
qué hermoso sería
dejar menos heridas,
menos odio,
menos ambición inútil.
Qué hermoso sería vivir despacio,
mirando a los ojos,
agradeciendo el café compartido,
la risa sencilla,
la compañía humilde
de quienes aman sin condiciones.
Porque un día
seremos apenas una fecha sobre piedra,
una imagen borrosa,
un apellido perdido entre ramas familiares.
Y después ni siquiera eso.
Seremos tierra.
Seremos viento.
Seremos lluvia cayendo sobre otros techos.
Ya somos el olvido que seremos,
pero mientras llega la noche definitiva,
mientras el reloj todavía respira,
mientras alguien nos espera en casa
o pronuncia nuestro nombre con cariño,
hagamos del breve instante
algo digno de ser amado.
No vivamos para poseer el mundo.
Vivamos para aliviarlo.
No para dejar riquezas,
sino ternura.
No para ser recordados eternamente,
sino para haber hecho menos dura
la existencia de otros.
Y cuando finalmente llegue el silencio,
cuando la tierra cierre sus manos sobre nosotros,
quizá no importe desaparecer
si alguna vez fuimos bondad
en medio del cansancio humano.
—Luis Barreda/LAB
Montrose, California, EUA
Octubre, 2019.
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Autor:
Luis Barreda Morán (
Offline) - Publicado: 28 de mayo de 2026 a las 02:57
- Categoría: Sin clasificar
- Lecturas: 5

Offline)
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