Un poco loco

Marvin Ramirez

Si fue azar o un juego del destino, no logro descifrarlo. Solo sé que un ángel habitó mi lecho, y tal vez me condenen a la locura cuando confiese lo que guardo en la memoria.

Su piel posee una tregua más suave que la seda, vestida de un oro tan perfecto como si el mismísimo dedo de Dios la hubiese delineado. Vi un manto de noche clausurar el cielo: era su cabello, desprendiendo un aroma sutil que se incrusta en la raíz misma del alma.

Llevaba en los ojos una dualidad perfecta: la inocencia y la astucia, una mirada que advierte el peligro mientras te rinde a su confianza. Sus labios, más embriagantes que el vino; su voz, una cadencia exquisita como la miel.

Un lienzo de lino esculpía sus formas, haciendo de cada movimiento una coreografía sagrada. Debo confesar que el milagro de su sola respiración me mantuvo suspendido en un trance. De sus senos prefiero el silencio, pues no existe verbo que les haga justicia.

Todo se disolvió en la brevedad de un suspiro. La única certeza de su paso fueron las cicatrices invisibles que sus alas dejaron grabadas en mi cuerpo.



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